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04/03/2019

La historia de la Maestra Juanita Pérez; un ejemplo de voluntad, constancia y superación

Juanita Pérez es una maestra progreseña cuya historia se hizo conocida a fines del año pasado cuando en el portal de El Observador salió publicada una nota periodística que relataba su increíble historia de vida, titulada De mendigar a dirigir una escuela: la historia de una “hija de la educación”, la cual conmovió a muchos uruguayos.
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La misma tuvo tal repercusión que a partir de entonces Juanita fue invitada a varios programas de televisión nacional, pero su intención no era ser popular ni dar pena, sino dejar un mensaje a los estudiantes, maestros, al sistema educativo y también a la sociedad en general.

Para dar a conocer la historia de Juanita a nuestros lectores, que sin duda merece ser difundida, decidimos coordinar una entrevista con ella. Para quienes no la conocen, Juanita es una persona encantadora, sencilla y muy simpática, quien nos recibió muy amablemente en su casa ubicada en el barrio Villa Táliche, donde vive hace 30 años con su esposo Néstor y su hija Eunice, a la que recuerda con orgullo cada vez que la nombra.  

Sentada en el sillón del living de su casa, al lado de una mesa donde descansan varios ejemplares de la Biblia, Juanita nos cuenta su historia de vida.

Ella nació en Canelones en la zona de Aguas Corrientes, a los 5 años su familia se mudó a El Dorado donde vivió durante cuatro años y posteriormente se trasladó a San Francisco. Allí permaneció hasta los 18 años hasta que un día, ante la indiferencia de sus padres, decidió dejar su casa y emprender su propio camino.

Durante su infancia sorteó muchos obstáculos, fue la séptima de diez hermanos, se crió en un humilde hogar sin luz eléctrica ni agua potable, donde no había cultura de trabajo y estudiar estaba mal visto, por lo que tuvo que mendigar para poder sobrevivir. Ante su miserable realidad el aula se convirtió en su hogar y aferrada a sus referentes que conoció en la escuela y en la iglesia, que generaban en ella una gran convicción, pudo cumplir su meta, ya que desde pequeña Juanita supo que quería ser Maestra, como esas que tuvo en Primaria y que tanto la marcaron, al punto de que se considera una hija de la educación.

Sin renegar de donde vino pero teniendo muy claro hacia dónde iba, Juanita logró transformar su vida para ayudar a otros, convencida de que la educación es el camino; hoy, tras 34 años de trabajo, Juanita es Directora de una escuela de contexto crítico, donde brinda apoyo y contención a cientos de niños y niñas, ese mismo que alguien le brindó un día a ella.

A continuación transcribimos la nota que más que una entrevista fue una charla muy amena que casi sin darnos cuenta duró más de una hora. 

 

“Las condiciones de vivienda eran muy precarias, nos fuimos criando unos a los otros porque éramos muchos…”

 

P.al Día- Empecemos por el comienzo, ¿dónde naciste?

Juanita Pérez- Nací en Canelones, en la zona de Aguas Corrientes, luego a los 5 años me vine a vivir a El Dorado donde vivimos hasta que yo tuve 9 años.  Mi padre trabajaba como guardia del tanque de OSE de El Dorado y un día decidió dejar de trabajar ahí. Al no tener un trabajo estable, ya que trabajaba cuando lo creía necesario, no podíamos pagar el alquiler y tuvimos que mudarnos a San Francisco a una casa donde estábamos de agregados que tenía dos piezas, una cocina muy sencilla y otra pieza que hacía de baño que solo tenía un excusado. En el fondo había otra pieza sin terminar donde teníamos un balde con agujeritos en la cual tirábamos de la piolita y caía el agua. No teníamos agua potable, sacábamos agua de un pozo pero no era apta para el consumo entonces con mis hermanas acarreábamos el agua en baldes de una canilla pública que estaba a tres cuadras. Tampoco había luz, usábamos un mechero que era más que un frasco de vidrio con un pedazo de una remera que hacía de mecha y con eso nos iluminábamos.

P.al Día- Contabas que eso trajo muchas consecuencias a tu salud…

Juanita Pérez- Sí, eso me llevó a que sin darme cuenta fuera perdiendo la vista, cuando se me cansaba un ojo me lo tapaba y seguía leyendo con el otro y ya de grande me di cuenta que no veía; nunca me llevaron a un oculista a ponerme lentes, tampoco nadie percibió que yo no veía porque además no me iba mal en la escuela; recuerdo que ya de grande vuelvo a la escuela y leo en el libro diario que el Club de Leones había donado lentes para Juanita Pérez, entonces le dije a mamá que yo nunca había tenido lentes y me confesó que se los habían dado a mi hermana que veía menos que yo (risas). Es así que todas tenemos una miopía heredada de mi papá pero por suerte pudimos salir adelante y terminar la escuela.

P.al Día- Me imagino que por todo lo que contás tu infancia no debe haber sido nada fácil…

Juanita Pérez- No porque como te dije vivíamos en situación de pobreza, las condiciones de vivienda eran muy precarias, nos fuimos criando unos a los otros porque éramos muchos, yo fui la séptima de diez hermanos, dormíamos seis en una cama de dos plazas, tres para la cabecera y tres para los pies.

P.al Día- ¿Cómo hacían para subsistir teniendo en cuenta que en tu casa no había cultura de trabajo?

Juanita Pérez- Con mis hermanos salíamos a reciclar, juntábamos vidrios, latas, cartón y lo vendíamos en un cambalache; también íbamos a la feria de Las Barreras, El Dorado, Las Piedras, El Molino, a juntar lo que los feriantes tiraban para poder comer. Después recorríamos las panaderías y pedíamos el pan viejo.

 

“Salíamos a reciclar porque había que comer y el plato de comida de la escuela no alcanzaba…”

 

P.al Día- ¿Eso durante cuánto tiempo lo hiciste?

Juanita Pérez- Muchos años, quizás hasta los 13 años porque después me empezó a dar vergüenza. Lo hacíamos porque había que comer y el plato de comida que me daban en la escuela no alcanzaba; como los fines de semana no había escuela a los seis años comencé a ir a una iglesia evangélica a la que sigo yendo hasta el día de hoy que está acá en Progreso llamada Buenas Noticias, donde nos daban el desayuno que se sigue dando hoy día, además teníamos otro tipo de cuidados, enseñanza en valores, una contención espiritual, otra valorización de nosotros como personas.

P.al Día- La escuela era como tu lugar en el mundo porque además de recibir educación te brindaban el almuerzo…

Juanita Pérez- Sí, yo fui a la escuela Nº166 de El Dorado e iba feliz porque sabía que tenía un lugar cómodo, era atendida y nos daban el almuerzo por el cual peleaba bastante; ese servicio de comedor que brinda Primaria para muchos niños como para mí significaba el único plato de comida que teníamos en el día.  

 

“Cada una de mis maestras me fueron marcando mucho y en la iglesia también tenía mis referentes que me acompañaron desde mi infancia…”

 

P.al Día- Y tanto en la escuela como en la iglesia encontraste esos referentes que marcarían tu destino…

Juanita Pérez- Lo que decía la maestra para mí era muy importante, por eso me negaba a faltar a la escuela, siempre motivándonos a que se puede, eso era de un tremendo valor que quizás en ese momento no lo valoraba tanto. Cada una de mis maestras me fueron marcando mucho, especialmente la de 6º Año que marcó más mi vocación, ella se preocupaba no solo porque aprendiéramos sino además de que no tuviéramos frío, un calzado seco, estaba en cada detalle y a la vez nos exigía, que es lo que falta hoy día, se brinda mucho y se exige poco; en la iglesia también tenía mis referentes que me acompañaron desde mi infancia que además de brindarme un plato de comida me sacaban los piojos, me llevaban a su casa, tenía una cama limpia para mí sola…

P.al Día- ¿Cómo era Juanita en la escuela?

Juanita Pérez- Era fatal, solo quería jugar, peleaba por ser la primera en la fila del comedor, muy conversadora, amigable pero inquieta y muy activa, pero me esforzaba por mejorar y aceptaba mucho la crítica del otro. Recuerdo que tenía muy mala letra, entonces intentaba copiarles la letra a mis compañeras (risas). Una compañera me regaló los únicos libritos de cuento que tuve, eran muy chiquitos pero para mí era como un tesoro porque nunca pude tener libros, de hecho aun los conservo.

 

“Las maestras decían que yo era brillante, creían en mí y yo me lo fui creyendo, y eso fue lo que creo que interiormente me fue fortaleciendo…”

 

P.al Día- O sea que a pesar de tu comportamiento las maestras veían que eras capaz…

Juanita Pérez- Más allá de las dificultades que veían en mi, que seguramente eran muchas, las maestras decían que yo era brillante, creían en mí y yo me lo fui creyendo, y eso fue lo que creo que interiormente me fue fortaleciendo; después cuando miraba las notas me daba cuenta que no era tan capaz como ellas decían pero era esforzada y ese esfuerzo de cada día, esa constancia y deseos de salir adelante era lo que ellas veían en mí.  

P.al Día- ¿En tu casa tenías ese apoyo que todo niño necesita para realizar las tareas domiciliarias y demás?

Juanita Pérez- Mis padres no tenían tiempo de sentarse con cada uno porque éramos muchos, tampoco era que había un espacio físico donde sentarse a hacer los deberes, los espacios eran pocos y eran de todos y si tenés un hermano chico los cuadernos a veces desaparecían. Pero por ejemplo mamá tenía facilidad con las matemáticas entonces me ayudaba a dividir porque yo no sabía.

 

“Estaba segura que quería ser maestra, nunca me cuestioné cómo, solo me iba planteando pequeñas metas y de a poco fui superando esos pequeños obstáculos…”

 

P.al Día- ¿Cuándo terminaste primaria ya tenías decidido que querías ser maestra?

Juanita Pérez- Totalmente, de hecho en casa me decían que había que ir a la UTU porque preparaba para la vida, te enseñaban un oficio pero yo tenía clarísimo que en la UTU no se estudiaba para ser maestra, había que ir al liceo; tampoco quería ir al liceo de Las Piedras, quería ir a Progreso porque ya venía a la iglesia donde tenía mis otros referentes, entonces si bien comenzaba otra etapa donde dejaba atrás los maestros referentes de la escuela pero continuaba con aquellos referentes cristianos que fueron muy importantes en mi vida.

El problema era que en el liceo de Progreso, donde ahora está el liceo 2, había que usar uniforme (buzo, corbata y pollera) pero yo no tenía dinero para comprarlo, entonces salí a pedir y fue así que una vecina me achicó una pollera grande que tenía, otra me coció un buzo, otra me hizo la corbata con trozos de tela y así tuve mi uniforme; recuerdo que me venía caminando con otros compañeros desde San Francisco a Progreso cruzando campo, 6 kms de ida y seis de vuelta.

En 1º Año me fui a dos exámenes, Matemática e Idioma Español, entonces en la iglesia me iban poniendo pequeñas metas y exigiendo cada vez más por lo que para el otro año tenía que irme solo a un examen y luego a ninguno, ya que si pretendía ser maestra iba a tener que estudiar cada vez más y tenían razón. Fue así que un señor de la iglesia llamado Domingo Riso que sabía de contabilidad me preparó para el examen de Matemática, Sonia Olivera que en ese momento era adscripta en el liceo me preparó gratis para el examen de Idioma Español y pude salvarlos.

En 2º Año me voy de nuevo a Matemáticas porque me costaba mucho y en 4º hice un clic y empecé a estudiar en serio y no me llevé ninguna materia. Pero como en Progreso no había preparatorio (5° y 6°) había que ir a Las Piedras o a Canelones; como seguía negada con ir a Las Piedras decidí estudiar en el liceo Tomás Berreta de Canelones y como no podía pagarme los boletos viajaba colada en el tren; madrugaba mucho porque no había mucha frecuencia de trenes, me iba temprano y llegaba muy tarde a casa pero como íbamos con otros compañeros de Progreso se hacía más llevadero.

En 6º año de Liceo me fui a examen de Filosofía con las peores notas porque le había dicho a la profesora que se dedicara más a enseñar, ya que yo quería aprender. Por suerte preparé el examen y lo salvé y como todas las cosas suceden por algo, en esa mesa de examen estaba el ex diputado Agapo Luis Palomeque, que en ese momento era profesor, y quedó asombrado de cómo yo defendí ese examen y no entendía porque me había llevado la materia con una nota tan baja; esa persona más adelante también me ayudaría a que yo saliera adelante.

Afortunadamente en Secundaria me fue muy bien pero en casa no estaba muy bien visto que se estudiara, se pensaban que era una pérdida de tiempo, esperaban que saliera a trabajar o cuando cumpliera los 18 formar una pareja e irme de casa pero yo no quería eso para mi vida; estaba segura que quería estudiar y ser maestra, nunca me cuestioné cómo, solo me iba planteando pequeñas metas y de a poco fui superando esos pequeños obstáculos.

P.al Día- O sea que la Secundaria también fue muy sacrificada…

Juanita Pérez- Sí, como en casa no había luz para poder estudiar para los exámenes, que eran obligatorios, la gente de la iglesia me llevaba a su casa, me ayudaban con la ropa, con el calzado, entonces uno se sentía contenido y a la vez sentías que te estaban brindando confianza, esa que quizás no encontraba en mi casa porque nunca me preguntaban ni siquiera cómo me había ido, una pregunta que cualquier padre haría a un hijo. Que la gente creyera en vos era un motor en mi vida y no podía fallarles, me acuerdo que cuando empecé el liceo en Progreso me hice amiga de Gabriela Perdomo y merendaba con ella todas las tardes mientras esperábamos el tren y su padre cuando me veía me decía “La Maestra Juanita”.

 

“Yo seguía con la idea clara de ser Maestra y con 18 años decidí irme de mi casa y nunca más volví…”

 

P.al Día- ¿En qué momento decidiste irte de tu casa?

Juanita Pérez- Terminando preparatorio con 18 años yo seguía con la idea clara de ser Maestra y como mi padre sabía que yo era obsesiva por estudiar y no quería eso para mí, me presenta un muchacho pero yo no quería saber nada con él, a mí me gustaba Néstor Silva, quien hoy es mi esposo, que en ese momento no me daba corte pero para mí eso era mejor porque me podía concentrar en mi objetivo que era recibirme y luego sí formar mi familia.

Entonces hablé con Luisa López, una amiga de la iglesia que vivía con su mamá, y le pregunté si podían hacerme un lugar en su casa y fue así que decidí irme de mi casa y nunca más volví. Para no ser una carga para la familia de mi amiga comencé a trabajar dando clases particulares a modo de tener mis propios ingresos y para mis gastos personales.

Entonces comencé a estudiar Magisterio en Canelones, era muy difícil porque estaba allá todo el día, tenía teoría y práctica el mismo día y no podía andar pidiendo comida en la casa que estaba, así que al mediodía no comía, igualmente alguna compañera siempre me compartía algo y esa era mi comida. Me iba muy temprano y volvía tarde a casa pero ya a esta altura no viajaba más de colada porque como trabajaba me podía pagar el abono del tren.

En 3º de Magisterio Agapo Palomeque, que como te mencioné antes me ayudaría mucho, se da cuenta del esfuerzo que hacía y decide pagarme el abono de ómnibus para que no madrugara tanto.

Finalmente me recibí de Maestra, en ese momento ya estaba ennoviada con Néstor Silva hacía un mes, estuvo presente mi amiga y esta señora de la iglesia que para mi fue como una referente muy fuerte.

 

P.al Día- ¿Te desilusionó que tus padres no estuvieran presentes en ese momento tan importante para tu vida?

Juanita Pérez- Es tanta la emoción de llegar a cumplir tu meta que lo importante es valorar el que está, el que no está por algo será. A veces cuesta aceptar que la otra persona quiera ponerse metas y alcanzarlas.

P.al Día- ¿Qué relación tenés actualmente con ellos?

Juanita Pérez- Tenemos buenos vínculos, nos hablamos pero no nos frecuentamos tanto, para ellos que yo haya contado mi vida es algo terrible, pero a veces está bueno saber por qué lo hago ahora.

P.al Día- ¿Dónde fue tu primera experiencia como maestra?

Juanita Pérez- Cumplir el sueño fue increíble pero no tomás mucha conciencia hasta que elegís una escuela y te enfrentás a los chiquilines. Mi primera experiencia fue una suplencia en la Escuela 204 pero el resto del año estuve en Villa Alegría.  

P.al Día- También fuiste maestra comunitaria…

Juanita Pérez- Así es, creo que es el mejor cargo que tiene Primaria porque va a las casas, trabaja, ayuda, empodera al adulto, lo guía en la enseñanza de su hijo y eso para mí era un trabajo muy lindo.

 

“Se puede hacer mucho por ellos por eso siento que estoy en el lugar adecuado...”

 

P.al Día- Hoy sos la flamante Directora de la Escuela Nº189 de Las Piedras…

Juanita Pérez- Sí, hace cuatro que soy directora pero en esa escuela en particular desde el año pasado que tomé la efectividad. Es una escuela Aprender, lo que se denomina de requerimiento prioritario, ubicada en el barrio Obelisco, son niños muy vulnerables pero con mucha necesidad de ese apoyo que alguien me brindó a mí un día, y creo que se puede hacer mucho por ellos, por eso siento que estoy en el lugar adecuado. A veces me molesta cuando escucho que desvalorizan al requechero, les digo que yo también juntaba, reciclaba y vendía para poder comer, no me gusta que juzguen al otro por su situación porque uno no elige cómo ni dónde nacer, esas son decisiones de adultos y uno luego toma sus propias decisiones de quedarse donde está o cambiar su destino.

P.al Día- ¿Cómo fue esa transición de Maestra a Directora?

Juanita Pérez- Yo había hecho el curso de dirección, concursé para ser Directora pero no me animaba a tomar el cargo porque pensaba que no estaba preparada, hasta que un día varios inspectores me dieron la confianza, me estimularon y finalmente tomé la dirección. Estuve dos años como Directora en la Escuela Nº1 de tiempo extendido, después me di cuenta que quería estar en el aula con los alumnos, porque el Director si bien está en contacto con los niños gestiona desde otro lugar, entonces volví dos años a la clase hasta que finalmente en el 2017 decidí retomar la dirección en la escuela Nº 278 de tiempo completo de El Dorado y en el 2018 elegí la efectividad y acepté el cargo definitivo como Directora efectiva en la Escuela Nº189.

Creo que he asumido un gran desafío que algunos comenzaron a acompañar tímidamente, hay un colectivo muy bueno, muy trabajador, un grupo humano precioso y los demás se van sumando de a poco. Hay que convencerlos de que la educación es el camino, como decía Varela la educación es un capital que reditúa, quizás no para mañana pero sí a la larga uno ve el recorrido de mucha gente que era muy capaz y no quiso hacer el esfuerzo y de los esforzados que llegan a paso más lento. 

 

“Primaria es el sustento de todos los valores, el rol del maestro es muy noble y de mucha responsabilidad, no es una carrera que se pueda elegir a la ligera…”

 

P.al Día- ¿Qué significó pera vos la educación Primaria?

Juanita Pérez- Significó tanto que elegí ser maestra porque la educación primaria es el gran acompañamiento del sujeto, durante esos años las maestras son nuestros referentes, es quien acompaña, quien motiva, quien contiene, quien pone los límites que a veces es casa no hay. Yo me acuerdo de cada una de mis maestras porque ellas fueron mis grandes referentes; lamento que ese acompañamiento no se dé en secundaria por el poco tiempo que tienen los docentes.

Primaria es el sustento de todos los valores, el rol del maestro es muy noble y de mucha responsabilidad, no es una carrera que se pueda elegir a la ligera, tiene que ser muy vocacional porque hay mucho por hacer, se sustenta la formación en los primeros años del ser humano y si no vemos al otro como sujeto de posibilidad y sí lo vemos como el carenciado, el pobre, por el que nadie se preocupa, estamos delegando la responsabilidad en los demás, cuando yo como docente debo ser el responsable de los alumnos que me tocaron, tengo que ver cómo incido en ellos para que quieran ser mejores cada día y el cambio lo hace la educación y a partir de ahí ir construyendo al sujeto en valores, en credibilidad y confianza que es lo que lo va a marcar para la vida. 

Si el individuo se pone una meta, si tiene sueños, ilusiones, tarde o temprano va a llegar pero tiene que irlas trazando de a poco, siempre desde la ética, desde la moral, porque hoy día está todo muy desvirtuado.

P.al Día- ¿Cómo te definís como maestra?

Juanita Pérez- Trato de brindar cada día el afecto, la confianza, todo eso que me dieron a mí, por eso siempre me interesó trabajar en escuelas de contexto critico, lo que hoy son escuelas Aprender porque significaba devolverle a la sociedad mucho de lo que me brindaron; yo realmente me considero una hija de la educación, hija de los cristianos que se preocuparon por mí, y de toda esa gente que hizo mucho quizás sin darse cuenta. El mundo está lleno de mediocres, uno tiene que ser bueno en lo que hace y mi formación permanente fue una gran inquietud a lo largo de mi vida. De hecho al día de hoy sigo formándome, el año pasado aprobé el curso para Inspectores, he realizado cursos de liderazgo e innovación, ahora estoy becada en la Universidad de Montevideo en un postgrado llamado “Gestión e innovación en el cambio” gracias a una invitación que me hizo el psicólogo Alejandro de Barbieri luego de leer la nota periodística que salió publicada en El Observador, otra demostración de confianza de que puedo, quizás no esté a la altura pero voy a asumir la responsabilidad con el mayor compromiso para poder realmente hacer el cambio en mi centro educativo que es el objetivo, poder gestionar mejor mi escuela.

 

“Si mi ejemplo sirve para lograr despertar en el otro el cambio y demostrar que se puede, así sea que impacte en un solo chico para mí el objetivo ya está cumplido…”

 

P.al Día- ¿Por qué decidiste contar tu historia en este momento de tu vida?

Juanita Pérez- Primero porque no fue fácil procesarlo para ponerlo en palabras, segundo porque en un sistema donde las políticas educativas tienden a la equidad, a la igualdad de oportunidades y a la mejora de la calidad de la educación, y donde las políticas de estado son políticas muy sociales a pesar de eso el mensaje no está siendo entendido, hay que brindar pero también hay que exigir, entonces muchos se quedan en el espero del otro pero las decisiones las tiene que tomar uno como persona. Por eso es tiempo de informar que se puede, el ser humano es fruto de sus decisiones y cuando uno toma buenas decisiones los resultados serán mejores, quizás no son los esperados en el momento, nadie le interesa los resultados a largo plazo, quieren todo ya y ahora, pero todo requiere un esfuerzo. Yo tuve muchos años de estudio, muchas consecuencias en mi vida y en mi salud que no fueron buenas pero puedo decir que a pesar de que no tenía los planes sociales que hay ahora igual se pudo, por eso hoy día con todo lo que se brinda tendríamos que exigir un poco más. Creo que se están tomando malas decisiones y es por eso que no se producen los cambios, en las aulas se sigue apuntando a la calidad y siguen habiendo docentes que creen en sus alumnos y que motivan, porque la motivación es el motor del cambio, pero la voluntad y el deseo de superación nace de uno, el querer que nuestros hijos no pasen lo mismo que yo, y que el esfuerzo nos llevó a ser quien somos y a tener lo que tenemos y mejorar cada día en relación a lo que soy yo y lo que puedo dar cada día.

También está bueno ser ejemplo para los demás y si mi ejemplo sirve para lograr despertar en el otro el cambio y demostrar que se puede así sea que impacte en un solo chico para mí el objetivo ya está cumplido; hay que tener fe, yo soy muy creyente y sé que se puede pero para eso se necesita un referente que los estimule, los apoye, los contenga y que crea en ellos para que intenten ese cambio.

Nadie es tan rico como para no necesitar nada del otro ni tan pobre que no tenga nada que dar; todos tenemos algo para dar, está en el otro si lo quiere recibir y saber qué hacer con eso que tenemos.

P.al Día- ¿Cómo surge esa entrevista que sale publicada en El Observador donde se da a conocer tu historia de vida?

Juanita Pérez- Como te dije antes yo soy cristiana, voy a la iglesia evangélica de Progreso donde concurren muchos chicos que se los estimula a estudiar, preguntarles cómo les fue y por suerte muchos chiquilines de la zona han mostrado el cambio. Allí conocí a Agustín Herrero, un chico oriundo de Salto que también es de familia cristiana que actualmente está viviendo en Montevideo porque estudia periodismo en la universidad y estaba haciendo una pasantía en El Observador.

Resulta que Agustín tenía que hacer un trabajo sobre los maestros comunitarios y como conocía mi historia me propone hacerme una entrevista; en ese momento yo ya no era maestra comunitaria y además para declarar públicamente uno tiene que tener determinados permisos. Como esos permisos demoraban demasiado este chico me llama nuevamente para preguntarme si lo autorizaba a contar mi historia de vida, le consulté al Inspector Departamental y me autorizó, siempre y cuando la nota sea de índole personal. Fue así que Agustín vino a casa en diciembre del año pasado y grabamos la entrevista, luego hicimos una foto en la escuela, incluso me consultó si estaba de acuerdo con el titulo que le había puesto y yo le respondí que el periodista era él no yo. Por suerte desde Primaria lo tomaron muy bien, me dijeron que estaban orgullosos de tenerme en el departamento.

A partir de ahí me llamaron de Canal 10 del programa La mañana en casa que conduce María Inés Obaldía, del programa Tarde o temprano de Canal 12 que hicieron la nota acá en casa, también de Americando pero finalmente la entrevista no se concretó.

 

“Nadie sabía mi historia de vida porque nunca estuvo en mí el dar pena…”

 

P.al Día- ¿Alguien de Primaria conocía tu historia?

Juanita Pérez- Nadie sabía nada de mi vida, ni siquiera mis compañeras de clase porque nunca estuvo en mí el dar pena, quizás si conocían mi historia hubiesen intentado ayudarme por el lado de la pobrecita, y ahí volvemos a lo que te decía, sujeto de posibilidad, no de lástima.

P.al Día- ¿Y te imaginaste toda esta repercusión mediática que tuvo?

Juanita Pérez- Jamás lo imaginé, mucha gente me escribió felicitándome, me ha llamado montón de gente, profesoras que se han ofrecido a dar clases en la escuela, personas que se ofrecen a ir a narrar cuentos, donar libros… todo lo que sea para los chicos bienvenido sea.

Una compañera me dijo que ahora era famosa en todo el país y yo en parte me enojé porque la idea no era esa, y le respondí textualmente: “Sería lamentable transmitir un mensaje equivocado, ojalá los educadores tengan otra mirada”.

P.al Día- Finalmente te casaste, pudiste tener tu propia casa y formaste una linda familia…

Juanita Pérez- Sí, hace 30 años que vivimos acá, cuando nos ennoviamos con mi esposo abrimos una cuenta en el banco para comprar la vivienda, estuvimos 25 años pagando pero ya es nuestra.  

La verdad que mi esposo siempre ha sido un sostén, vamos juntos a la iglesia siempre tratando de servir al otro y brindar apoyo más allá de su condición. No quisimos tener niños hasta que yo tuviera un trabajo estable, así que hasta que tuve efectividad como maestra no tuvimos hijos; hoy tenemos una hija de 27 años llamada Eunice que en el 2017 se recibió de Psicopedagoga, becada en la Universidad Católica a la excelencia académica y ahora está sirviendo en una misión en un barco llamado Logos Hope que significa “Llevando esperanza” donde ayudan a escuelas, hacen espectáculos, dan lentes a los que no lo tienen, tienen servicio odontológico, brindan bombas potabilizadoras en lugares donde no hay agua potable, en fin, hacen lo que hicieron en mi vida, brindar esperanza a otros y ella se siente muy bien haciendo eso porque fue lo que aprendió, porque la fe no solo se dice a través de la palabra sino también se practica.

P.al Día- Me imagino que para ustedes como padres es un gran orgullo…

Juanita Pérez- Sí, estamos re felices con ella, la extrañamos mucho, en enero fuimos a verla a Chile porque hacía un año y medio que no la veíamos. Ahora la volveremos a ver porque ese barco estará en Uruguay del 3 al 21 de abril.

P.al Día- ¿Y cómo reaccionó ella cuándo se enteró de toda esta mediatización?

Juanita Pérez- Ella nunca se avergonzó de su mamá, incluso en su perfil de Facebook escribió “Orgullosa de mi mamá”. Siempre le inculqué que si yo pude con lo que no tenía, ella con todas las posibilidades también iba a poder porque ambos somos trabajadores pero dentro de lo que podemos no le falta nada, así que tenía que estudiar. De chica quiso ser odontóloga, comenzó a estudiar en la facultad y cuando llegó a 3º Año se dio cuenta que no le gustaba lo que estaba haciendo. Le dije que me parecía bien que se hubiera dado cuenta a tiempo pero que había que pensar qué iba a estudiar, así que hizo un año de terapia vocacional hasta que finalmente encontró su vocación de ser Psicopedagoga, es una carrera muy linda donde puede brindar mucho al otro y rescatar lo mejor del ser humano. Como dice el dicho lo que se hereda no se roba, la educación la llevaba en la sangre.

 

“Los docentes tenemos tremenda herramienta en nuestras manos que es el futuro de nuestros niños, tenemos que verlos cada día como sujetos de posibilidad…”

 

P.al Día- ¿Algún mensaje final que quieras expresar?

Juanita Pérez- El mensaje va por varias partes; al niño decirle que se puede, que ese pequeño esfuerzo que hizo hoy porque algo le salga mejor seguramente mañana a partir del error le va a salir mejor aun. Todos nos equivocamos pero el camino es la confianza y la perseverancia, dejarse ayudar y escuchar a los buenos referentes, el saber que el que renuncia fácil renuncia a sus sueños.

A los docentes decirles que tenemos tremenda herramienta en nuestras manos que es el futuro de nuestros niños, tenemos que verlos cada día como sujetos de posibilidad y confiemos en que siempre pueden dar más; si no creemos en lo que hacemos mejor dar un paso al costado.

Por último al sistema le diría que hay que cambiar el enfoque de las políticas sociales porque con esto de que todo me dan quizás sin mala intención se está confundiendo y sigo exigiendo sin exigirme; debo exigirme porque si no tomo buenas decisiones y no las puedo sostener en el tiempo no voy a llegar muy lejos.

                                      Nota: Gastón Ferrero.-