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18/03/2013

Homicidio de un joven en plazoleta de El Santo

El sábado 9, sobre la tardecita, había chicos jugando al fútbol en la placita de El Santo, otros reunidos abajo del único árbol que da sombra, y en la calle, gente circulando… De pronto, amenazas, discusiones y cinco disparos, dos intimidatorios… ...

El sábado 9, sobre la tardecita, había chicos jugando al fútbol en la placita de El Santo, otros reunidos abajo del único árbol que da sombra, y en la calle, gente circulando…

De pronto, amenazas, discusiones y cinco disparos, dos intimidatorios… los otros tres a matar. Uno de ellos rozó la cabeza de una mujer que circulaba por la calle, detrás del banco donde se encontraba Víctor Manuel Carbone, de 22 años. Otro de los disparos dio en el tórax del joven, que cayó herido de muerte, ante los ojos de su propio padre, que había intentado frenar al agresor, incluso diciéndole “tirame a mí”.

Las razones de la agresión no están del todo claras… ambos mantenían diferencias desde hace algún tiempo. Familiares y amigos del fallecido aseguran que el origen de las mismas es que el matador tendría alguna desviación sexual y habría querido involucrarse con el joven, y al ser rechazado, este comenzó a amenazarlo…

A continuación, el testimonio de un amigo -Ruben Delgado-, su hermano Alejandro y su padre, Ricardo Maciel.

 

“Estuvo involucrado en la droga y el alcohol, como muchos en este barrio… pero había logrado salir,  ya había dejado las drogas,  estaba trabajando en una quinta…”

Al preguntarle cómo sucedieron los hechos, su amigo, Rubén Neuto Delgado Pérez, nos decía: “Era alrededor de las seis y media o siete de la tarde, no recuerdo bien la hora… Yo estaba en mi casa cocinando, la que está cejada a la plaza, ahí en Florencio Sánchez y San Pablo, y vi una discusión que el papá de Víctor le hacía frente a la otra persona que le quería tirar un balazo al hijo, y le decía «no le tires, tírame a mí!!!», «peleá mano a mano!!!»; pero el que tenía el arma no quería pelear mano a mano, quería dispararle y nada más, vino con toda la intención…”

Y agregaba: “Por lo que me contó el muchacho que falleció anteriormente, el «negro» quería que le hiciera sexo oral porque cuando se drogaba, como se dice en el termino vulgar era «puto», y le salió la jugaba por la culata. El guri no quiso tener relaciones con él, y calculamos que el otro muchacho estaría envenenado por decir «hoy o mañana este me va a deschabar y voy a quedar pegado», no sé…”

Y al preguntarle como era la persona que falleció, nos decía Ruben: “La persona que falleció era muy bien, querida por todo el barrio, una persona que estuvo involucrado en la droga y el alcohol, como cualquier otro, se da mucho en este barrio… pero quería salir y había logrado salir, estaba bien de bien, estaba viviendo en mi casa, ya había dejado las drogas,  estaba trabajando muy bien en una quinta”.

Al preguntarle si eran amigos, señalaba: “Lo conozco desde chico y habíamos formado una amistad ahora de grande, cuando yo empecé a hacer mi vivienda me empezó a ayudar y entonces como él estaba viviendo en la calle, estaba con todo el tema de la droga, yo le plantié de vivir en mi casa.  Vivía en mi casa, hasta que se pudiera hacer un rancho al lado de la casa del tío, que el tío le dio un terreno para que se hiciera un rancho. El asesinato ocurrió a diez metros de donde vivíamos nosotros. ..”

Sobre el asesino, señaló que “es una persona nada querida acá en el barrio, con muchas caídas dentro de la comisaria; y casualmente la policía nunca lo agarró, tuvo que suceder esto para que ahora  la policía lo esté buscando”.

 

“El tipo pasó a drogarse mucho más y ayer le falló la cabeza, no respetó nada, tiró varias veces,  casi mata a otra persona y terminó con la vida de mi hermano…”

Por su parte, Alejandro -17 años-, el hermano del joven asesinado, expresaba que “acá había varios chicos jugando al fútbol, y más gente en la vuelta…”

Al preguntarle cómo vivió la situación, Alejandro expresaba: “En pánico, furioso… somos todos de acá, había muchas reacciones. Con el tema ese de la droga, que supuestamente él era «puto», y le dijo que tenía muchas tubas para prenderle y no tuvo otra reacción. Lo que sabemos es que pudo lastimar a muchas más personas, le rozó la cabeza a una señora y había muchos testigos”.

Sobre los disparos, el chico expresaba que “fueron como cinco o seis balazos, el se levantó la remera, cuando se miró y ahí se desplomó…”

En cuanto a que si habían discutido anteriormente, Ruben señaló que “sí, también el muchacho vino hasta acá hasta la plaza a desafiarlo a pelear, y Víctor le dijo que mano a mano le peleaba, y se ve que tuvo miedo de perder y fue hasta la casa a buscar una cuchilla. Después fue hasta la casa a buscarlo, y según él le faltó el respeto por ir a buscarlo hasta la casa, porque estaba cansado de que lo agarrara de pinta, fueron él y los hermanos.”

Alejandro aclaró que “nos unimos un par de gurises de acá de la vuelta y fuimos hasta la casa a ver cual era el tema, que siempre él se drogaba, se «merqueaba», de «pastabaseaba», y lo primero que hacía era venir a la plaza a agarrar a los gurises chicos, pegarle, sacar fierros, cadenas, putear a las personas. A veces se peleaba con las madres de las otras personas, no le importaba nada, la gente ya estaba cansada. Un 90 % vos podes pedir testigos acá que la gente nadie lo quiere. El le pegaba cadenazos a las personas en la cabeza, y jamás se hizo la denuncia…”

Sobre los códigos que hay en barrios como estos, donde muchas veces no se denuncian hechos que suceden, por aquello de “no ser buchones de la policía”; Ruben Delgado expresaba: “Es cierto, eso pasa mucho, los problemas se arreglan acá adentro muchas veces. A mi conocimiento, hay una denuncia de una persona a la que  le pegó a la hija con problemas y todo, y la policía no hizo nada, incluso la muchacha ayer estuvo hablando con nosotros y al hermano lo dejó inconsciente, y la policía nunca hizo nada”.

Alejandro agregó que “además tiene muchos casos de que es puto, de que es violador, casos de que le pegaba a las mujeres acá en la vuelta, y todo eso se le acumuló y pasó a drogarse mucho más, y ayer le falló la cabeza, no respetó nada y tiró un tiro, dos, tres, cuatro, cinco, casi mata a otra persona y terminó con la vida de mi hermano”.

“Este buchón se persiguió y decidió matarlo para no quedar regalado, si era un león acá en el barrio…”

Finalmente el padre del fallecido, Ricardo Maciel, al preguntarle cómo fueron los hechos, manifestaba: “Te voy a decir tal cual, porque fui testigo principal. Estábamos sentados en aquel banquito allá (señala el banquito cerca de la calle), el tipo venía en la moto de aquel lado, a mitad de cuadra dio la vuelta y yo le dije a mi hijo y mi hermano que estaban conmigo «este se fue a calzar». Cuando dio la vuelta a la plaza, dejó la moto ahí y sacó el arma, yo me vine y lo aguanté lo más que pude acá para que no matara a mi botija, y de cinco a diez minutos lo aguanté acá. El me tiró dos tiros, mi hijo estaba allá, a un metro más o menos del banco parado y el loco se me escapó para el costado y tiró tres tiros, en el tercer tiro le pegó. En total fueron cinco tiros, dos me tiró a mí y tres a mi hijo, y en el último tiro, que fue el quinto, lo mató. En ese momento el muchacho del almacén agarró la camioneta, lo tiramos para arriba y lo llevamos para Las Piedras, lo atendieron, hicieron todo lo posible para salvarlo pero no hubo caso. Llevarlo de acá allá fueron siete y ocho minutos, y allá al darnos la novedad de que había muerto fueron cinco minutos más, fue un pasa manos…”

Al preguntarle por qué cree que pasó esto, Ricardo Maciel señaló: “Yo te voy a decir la posta, el homicida parece que se lo había cargado para tener sexo oral con él, y él le dijo que no… y ahí hubo un rencor, un odio. Acá hubo una discusión hace dos días o tres, él le dijo yo te voy a prender la tuba si vos andás hablando, y este buchón se persiguió y decidió matarlo para no quedar regalado acá, si era un león acá en el barrio. Mi hijo le dijo «no me hagas hablar porque si yo hablo vos te tenés que ir», porque el agarra menores acá, le da guita y pasta para que le hagan  sexo oral. Es la justa porque mi hijo lo habló conmigo, y bueno, me lo llevó en menos de cinco minutos…”

Al preguntarle sobre su hijo y la adicción a las drogas, el padre reconoció que “sí, estuvo complicado pero había salido. Yo no vivía acá, vivía en el centro, pero nos empezamos a juntar, a ser amigos, a contar todo y ya no quería saber más nada con la droga. Decía «quiero estar limpio». Como dijeron hoy de mañana en la Monte Carlo que era un ajuste de cuentas, nada que ver, el tipo apareció con el arma en la mano, o era mi hijo o alguno de nosotros porque éramos tres, estaba el tío también, el trayecto de acá allá que es largo, fueron tres tiros, ya el último lo mató”.

Al preguntarle que reflexión le deja este hecho, señaló Ricardo: “Una impotencia bárbara, hay muchas cosas para hablar, muchas cosas para decir, te queda esa impotencia de que nos estábamos conociendo de apoco, y me lo sacan en cinco minutos. A mi hijo acá yo lo veía en lo de Cristóbal, pero no teníamos una relación profunda, yo me fui para Montevideo y ellos se quedaron acá. Ahora nos estábamos conociendo mejor, yo le empecé a explicar las cosas como eran, el empezó a asentar, el vivía en esa casita, y había agarrado por el camino correcto. Nosotros lo habíamos cruzado allá arriba las barreras y él lo miro feo a mi hijo, y después vino para acá, nos vio, paró la moto acá y vino con los chumbos, yo salí corriendo a agarrarlo acá”.

Sobre el calibre del arma homicida y si su hijo era de andar armado, indicaba Maciel: “Era una 38, imagínate de la distancia que le tiró y lo mató, dos tiros me tiró a mí en los pies, y después a él le tiró tres y el último lo mató.

Mi hijo no era de andar armado… él fumaba porro, pero ahora había agarrado el camino derecho. El drama de todo esto fue porque no le servía que hoy o mañana mi hijo empezará a boquillar que era gay…”

Al preguntarle si el homicida tenía antecedentes, Ricardo Maciel expresaba: “No lo quería nadie acá, traidor, rastrillo, usa a los menores, un montón de cosa… usa a los menores y después los amenazaba y los gurises no dicen nada porque tienen miedo, justo se chocó con mi hijo que le dijo «yo no estoy para esa»”.

Terminó diciendo que “espero que se haga justicia, porque si no, no voy a poder dormir tranquilo, porque lo mató mal, tiene que pagar… lamentablemente tiene que pagar, si yo supiera que mi hijo andaba en alguna joda era él o el otro, pero mi hijo andaba limpito, con 22 años nunca tuvo ningún antecedente ni nada. Le sacó la vida en cinco minutos, te queda esa impotencia, de no poder hacer nada, muchas cosas por hablar, muchas cosas por decir…”