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26/09/2016

“Una experiencia educativa fundacional - Liceo Popular de Progreso «Dr. Gilberto Iglesias»”

El pasado viernes 16 en el Liceo Gilberto Iglesias se realizó la presentación del libro llamado Una experiencia educativa fundacional - Liceo Popular de Progreso “Dr. Gilberto Iglesias”
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Escrito por la Prof. Irma Canapá y la Prof. Dalia Mautone, ambas participantes en la fundación del Liceo Popular de Progreso; dicha presentación estuvo a cargo del historiador Prof. Jorge Bralich y de la propia Irma Canapá, una de las autoras del libro.

Antes de comenzar, la Directora del Liceo Gilberto Iglesias Prof. Sol Urdampilleta presentó a los mencionados docentes leyendo su curriculum, así como también el de Dalia Mautone, la otra autora que por razones personales no pudo asistir a la presentación de su libro: “Seguramente a estas personas ustedes las conozcan más que yo pero me toca presentarlas; agradecer a todos ustedes, en especial a las personas que representan el apoyo de esta comunidad para todo lo que tiene que ver con tareas en prospección hacia la educación y hacia el desarrollo de la cultura en general…”, expresó Urdampilleta.

 

“Revela la voluntad de una pequeña población por mejorar la educación de sus hijos…”

“Para mí es un placer realizar la presentación de este libro en este lugar, sobre todo porque siento una especial simpatía por los liceos del interior, fundamentalmente después de una experiencia que tuve cuando contribuí a difundir y a presentar un trabajo del Prof. Benjamín Nahum, quien justamente hace el prólogo de este libro, llamado “Historia de la Enseñanza Secundaria”, y ahí tuvimos que recorrer todos los departamentos, yo fui a algunos de ellos, pero en todos los liceos del interior encontré un ambiente muy cálido, muy familiar, y acá estoy experimentando eso mismo; por lo tanto es un placer venir a este liceo, conocerlo, conocerlos a ustedes y presentar este libro…”, dijo el Prof. Jorge Bralich.

“Como presentación previa de este libro citaré las palabras que coloca el Prof. Nahum en el prólogo que refleja mi sentimiento; el mismo dice: Este es un libro emocionante porque revela la voluntad de los integrantes de una pequeña población por mejorar la educación de sus hijos. El esfuerzo de las personas mayores, profesionales, docentes de Secundaria, maestros, gente de familia y amas de casa, para crear este liceo es admirable. Primero Liceo Popular, luego habilitado, finalmente oficializado, demuestra una constancia y una voluntad tan firmes que debe de servir de modelo a otras oportunidades…”, agregó.

Luego Bralich realizó un breve resumen del contenido del libro así como algunas consideraciones al respecto: “En primer lugar, antes de relatarnos la epopeya vivida por este pueblo en pos de crear su liceo, las autoras nos sumergen en esta otra historia, esa que fuera de los liceos populares, aquellos que surgieron a impulso de poblaciones que al igual que esta aspiraban a tener en su pueblo un liceo público; muchos de esos liceos públicos se crearon antes que éste y luego otros que siguieron creándose posteriormente. Las autoras nos recuerdan al respecto diciendo «En algunos casos llevó muchos años, en dichos procesos intervinieron factores y fuerzas que influyeron en todos los aspectos de la educación recibida por los alumnos, los liceos debían tener las condiciones locativas, el equipamiento adecuado, el material didáctico exigido y la bibliografía determinada para docentes y alumnos. Por otra parte los movimientos populares estaban obligados a solventar todos los gastos y tantos los docentes como los funcionarios y directores trabajaban en forma honoraria».

Vemos pues que es una historia de esfuerzos, de sacrificios pero esta historia se enmarca en otra historia, la historia de los proyectos oficiales, esos proyectos que buscaban desarrollar en los departamentos del llamado interior, los liceos departamentales. La ley que creó estos liceos sostenían que estas instituciones tendrían por resultado inmediato proporcionar el órgano de cultura que hoy falta y como consecuencia mediata perfeccionar el criterio y elevar el nivel intelectual de la población entera, porque una enseñanza completa y racional estará gratuitamente al alcance de todos. Seis años antes, en 1906, el Rector de la Universidad Eduardo Acevedo decía: Fuera de la enseñanza primaria no hay elementos de cultura, en unos cuantos centros urbanos hay institutos de enseñanza preparatorios, concurren a ella los que aspiran a obtener un titulo profesional, los demás, después de abandonar la escuela primaria no reciben otra educación; y aclaro, las naciones no son moralmente grandes, no son intelectualmente fuertes por lo que va en un círculo reducido al que se llama elite intelectual. Esta elite necesita encontrar una esfera inmediata mucho más numerosa capaz de interpretar sus ideas, capaz de realizar muchos de los propósitos que aquellas tienen que limitarse a señalar. Esa clase intermedia, ilustrada y educada en actitudes de comprender las verdaderas necesidades de la vida dotada de espíritu científico a la vez que de espíritu práctico, puede formarse solo en liceos de enseñanza secundaria.

Es decir, en principio los liceos no estaban destinados a toda la población, eran centros no de una elite intelectual pequeña sino de una capa media intermediaria entre la clase dirigente que integraba esa elite intelectual y la masa del pueblo.

Según el Prof. Bralich, hoy quizás la única educación integral que se brinda en las instituciones públicas sea la de los jardines de infantes, en donde los niños cultivan todas sus potencialidades (cantan, juegan, corren, saltan, pintan, recortan, pegan, dibujan) pero todo esto desaparece luego para sentarlos en un banco durante varias horas a escuchar una lección: “El sistema educativo sigue un modelo forjado hace más de 100 años y pese a que los resultados alcanzados hasta ahora no han sido buenos no aparecen las formulas renovadoras, sí aparecen muchos parches. Pero hay algunas esperanzas y estas están en la potencialidad de los movimientos populares para cambiar la situación. El pueblo de Progreso supo en su momento movilizarse para obtener su liceo y así como lo hizo entonces puede hacerlo para perfeccionar esta obra…”.

En ese sentido indicó que desde 2008 existe un instrumento que casi no ha sido aplicado en ningún centro educativo, que son los consejos de participación que la ley estableció para cada centro educativo de Primaria, Secundaria y enseñanza técnica: “Estos consejos pueden ser el inicio de un proceso de gestión popular de la educación tal como la pensó José Pedro Varela hace casi un siglo y medio. Varela decía que el pueblo es Juez, en definitiva el que organiza la educación pública, quien la extiende o la limita y quien resuelve todo lo que a ella se refiere. El Estado contribuye con su parte de renta y fija ciertos límites, más tiende a acción, a la inacción de las localidades. Más allá de cierto límite, estas pueden obrar libremente, lo que no puede es dejar de hacerlo, al menos, lo que es necesario dar para todos los niños el mínimo e instrucción declarado obligatorio por el Estado. Cada localidad entiende y obra pues como en cosa propia, sabe lo que a la escuela le cuesta y los beneficios que le produce y está en aptitud de juzgar por si mismas de las mejoras que le conviene introducir y de los esfuerzos que puede y quiere realizar; y que esos docentes y vecinos también conforman la historia chica de la educación uruguaya que contribuye a la historia grande. Vaya entonces mi reconocimiento a ellos…”, concluyó.

 

Palabras de las autoras.

Posteriormente hizo uso de la palabra la Prof. Irma Canapá, quien agradeció en primer lugar al Dr. Bralich por haberse tomado la molestia de venir hasta Progreso para realizar la presentación del libro; en segundo lugar agradeció a la Directora del liceo y el equipo de dirección que según ella siempre la reciben con las puertas abiertas y que han hecho posible este encuentro. También agradeció a las autoridades de Secundaria por haber declarado el libro de interés educativo y ha permitido que cada uno de los liceos y bibliotecas del ente tenga un ejemplar.

“Agradezco a los familiares de los fundadores por toda la información sobre la vida personal de los mismos que hemos tratado de volcar en este libro para que justamente se conozcan y no aparezca solamente el nombre del fundador del liceo sino también toda su obra y toda su importancia. Agradecer a funcionarios, profesores, familiares fundadores de otros liceos que colaboraron con nuestra investigación aportando datos para el capítulo donde nos referimos a todos los liceos populares del país. Por último agradecer al impulso, al estímulo y a todo lo que nos orientó el profesor Benjamín Nahum que para mí personalmente fue uno de los mejores profesores de preparatoria, significó mucho volverlo a reencontrar en estos caminos de la educación y haber recibido de él cartas de mucho estímulo y muy importantes para nosotras que no nos animábamos a hacer este trabajo…”.

 

“Fue hermoso ser parte de una comunidad educativa que levantó este centro de estudio…”

Luego Irma leyó un mensaje que la Prof. Dalia Mautone, con quien comparte la autoría del libro, dejó para todos los presentes ya que por razones personales no puedo estar presente en la presentación del libro: “Razones personales me impiden estar en la presentación de este libro; mi participación en el proceso fundacional de liceo fue a instancias de mi padre. Acaba de fallecer luego de festejar sus 100 años, de él aprendí siempre que hay que rescatar lo bueno de lo malo y lo que rescato después de dedicarle mi vida a la educación es que: en primer lugar me permitió aprender que todo esfuerzo constructivo vale la pena, fue hermoso ser parte de una comunidad educativa que levantó este centro de estudio; en segundo lugar mi mayor recompensa es cuando un ex alumno se detiene y me pregunta ¿se acuerda de mí, profesora?, en especial me conmovió una alumna fundadora; ella me contó que desde Los Manzanos venía por la vía para no embarrar sus zapatos, los únicos que tenía y ahora estaba disfrutando de una jubilación aceptable porque había llegado a ser encargado de una almacén mayorista…”.

Luego la Prof. Irma contó que el origen de este trabajo surgió cuando el año pasado se conmemoraron los 50 años del liceo: “En el año 1967 con Dalia habíamos hecho una monografía para la materia psicopedagogía en el IPA. En la misma escribimos el proceso fundacional de este liceo y la habíamos guardado y pensamos que un buen homenaje para esa instancia sería mostrar al pueblo y a todos los estudiantes que poco conocen del pasado, qué importante es restaurar la memoria de todos los hechos relevantes que han sucedido en el pueblo. Fue así que empezamos a actualizarlo, modificarlo, nos entusiasmamos y lo hicimos en homenaje no solamente a los fundadores del liceo de Progreso y a todos los que trabajaron en el movimiento popular, sino también lo hicimos extensivo a todos los movimientos populares del país porque nosotras mismas nos sorprendimos de la cantidad de cosas que encontramos en la historia de la educación pública y educación Secundaria que había sucedido en el siglo XX y que no se conocía o que no estaba en muchos libros…”.

Según relató Irma, comenzaron con una investigación muy elemental y sencilla ampliando el primer capítulo del libro, allí realizaron una breve síntesis de la educación Secundaria en el interior del país y buscaron fuentes para establecer un marco teórico, pero se encontraron con que había pocos libros que dedicaran tiempo al estudio de los movimientos y liceos populares. El libro que sí les fue de mucha ayuda para esa monografía hecha en 1967 fue el trabajo de Alfredo Castellano llamado Contribución del liceo departamental al desarrollo de la vida nacional realizado en 1962: “Comenzamos a buscar datos, fuentes y lamentablemente encontramos un hecho que quiero destacarlo y es que la historia se está perdiendo porque las documentaciones no se guardan. Es lamentable pero creo la educación actual debería también preocuparse por enseñar a preservar todos los datos que constituyen y conforman la identidad de un país en la educación pública…”.

A partir de ese dato negativo comenzaron a realizar entrevistas, algo que Irma califica como apasionante el hecho de encontrar gente que las ayudara proporcionándoles información y enviándoles la poca documentación qué encontraban. También aseguró que visitaron algunos liceos para chequear algunos datos y la respuesta que tuvieron fue muy cálida, lo que les hizo entrar en un apasionante viaje por la educación pública del interior del país que según declaró disfrutaron mucho. 

Antes de continuar hablando sobre el libro presentó a las personas que trabajaron en aquélla época y que fueron actores principales del liceo; fue así que llamó a cada uno de ellos para obsequiarles un ejemplar del libro, comenzando por la Prof. Alicia Martínez, continuando luego con los alumnos fundadores, los familiares de los fundadores y por último al Rotary Club Progreso, ya que esta era la institución a la cual pertenecía el Dr. Gilberto Iglesias, cuando llevó adelante la idea de crear un liceo popular en Progreso. 

 

“De 135 liceos que se fundaron hasta 1990 en el interior del país, 82 por movimientos populares…”

Irma señaló que el libro fue escrito no con la intención de polemizar sobre la educación sino que es una descripción de la realidad y un testimonio de hechos reales.

En ese marco, Canapá explicó brevemente a los presentes de qué se trata cada uno de los capítulos del libro: “El primer capítulo se refiere a la enseñanza Secundaria en el interior del país donde hicimos una síntesis histórica y comenzamos en esa hermosa cacería de liceos populares que fue muy apasionante, donde encontramos movimientos populares que destacamos en el libro porque duraron cantidad de años trabajando por el liceo. Lo que nos sorprendió cuando estudiamos todos estos datos, fue la cantidad de liceos populares que encontramos y realizamos un cuadro para que quedara claro en el libro esa diferencia tan atroz que había: de 135 liceos que se fundaron hasta 1990 en el interior del país, 53 fueron por iniciativa oficial y 82 por movimientos populares. Esto quiere decir que nuestra educación pública en el interior estuvo muy decaída durante mucho tiempo y si no hubiese sido por esta gente que se unió y que se constituyó en un movimiento para poder sacar adelante un liceo, no podríamos tener lo que tenemos ahora. Los liceos departamentales tuvieron una influencia muy importante pero no podían albergar a las distintas poblaciones que iban creciendo demográficamente…”.

Para esta investigación, reveló que además del libro anteriormente mencionado de Alfredo Castellano, el otro libro de cabecera en el cual se apoyaron fue Liceos del Uruguay escrito en 2008 bajo la dirección y coordinación del profesor Benjamín Nahum.

 

El Liceo Popular de Progreso y la casona.

Posteriormente contó que la segunda parte del libro trata específicamente del Liceo de Progreso y allí hablaron de su experiencia. Irma explicó que todo liceo popular tiene tres etapas, la fundación, que es cuando todos comienzan a hacer marchar un liceo en carácter honorario, solventándolo, la habilitación, que es la que le da la posibilidad a los estudiantes de reconocer sus estudios como estudiantes de liceos públicos, es decir, que no tienen que dar exámenes libres, y la última etapa es la oficialización, que es cuando el liceo pasa a integrar la enseñanza pública y los profesores dejan de ser honorarios.

“También hicimos un capítulo sobre la casona que el movimiento popular de Progreso compró para el liceo por $130.000 en 1935 con préstamos y con una cantidad de dificultades, donde se hicieron rifas, beneficios, espectáculos, etc. Esa casona quedó allí y nunca se regularizó su situación. Después de la dictadura intentaron regularizarla, habían hecho solo el compromiso compra venta y las personas que habían firmado fueron falleciendo hasta que el dueño se fue para Bélgica y tampoco se pudo regularizar. Cuando crearon el edificio donde está el actual liceo, aquel quedó prácticamente abandonado y muchas personas trabajaron aun fuera de ese movimiento popular para restaurar esa casona para que no entraran intrusos. Fue así que para poder reestablecer ese edificio surgió la idea de crear un museo en 1996, donde los alumnos arreglaron al menos dos piezas de esa casa; luego vino otra época de abandono, después se firmó un convenio con la Intendencia, en fin, esa casa tuvo toda una historia que la contamos en este capítulo. Por suerte tuvo un final feliz porque en el 2011 quedó en manos de Secundaria y a partir de esa fecha ya se comenzó a proyectar el Liceo 2 y en breve comenzarán las obras…”.   

 

Reseñas biográficas.

Otro de los capítulos que integra el libro es el de las reseñas biográficas, al cual la autora también dedicó unas palabras: “El fundador del liceo, Gilberto Iglesias, era un hombre de pueblo, muy sociable, colaborador en todos los aspectos, integró distintos clubes deportivos, participó en la creación del Club Social Progreso y tenía una actitud muy humana y muy generosa con todo el mundo. Con su señora, Isabel Hounié quien era profesora de Biología, pensaron que Progreso tenía que tener un liceo. Algunos chicos de Progreso iban al liceo de Las Piedras, otros a Canelones, pero había una gran faja de población de edad liceal que no iban a ningún lado. Isabel Hounié tomó las riendas, asumió el compromiso con los padres, con los profesores, se relacionó excelentemente con los alumnos y puso en marcha este liceo. Escribimos esa puesta en marcha, todo lo que se hizo en los años 1965 y 1966, porque no se trataba solamente de trabajar honorariamente, sino que además había que hacer actividades extracurriculares donde el tiempo de los profesores también era dedicado al liceo y en esas actividades se integraba a la población…”.

Según Irma todo eso hizo crear una idea de comunidad educativa muy importante, esa de la que tanto se habla ahora y se aspira para poder lograr una educación pública de calidad.

Asimismo la autora del libro destacó a dos personalidades que para ella fueron muy influyentes en esa época: “Quiero nombrar a una persona que también se puso al hombro el hacer y participó de este movimiento que fue María Angélica Medina, maestra jubilada de Magisterio en ese momento, pero era Prof. Adscripta en el liceo de Las Piedras con mucha experiencia educativa, con conocimientos pedagógicos increíbles. Esta señora fue directora de la Escuela Experimental de Progreso, una de las tres escuelas experimentales que tuvo el país en una época en la que se pretendía manifestar de alguna forma la escuela activa, donde se trataba de mejorar la educación tradicional ofreciéndole al alumno centros de interés, no la educación rígida en una clase sino moviéndose, pudiendo lograr aprender haciendo cosas.

Otra persona que quiero nombrar también es a Chichí (Calcagno), quien fue dentro del profesorado un elemento integrador, la casa de Chichí estaba siempre de puertas abiertas para todo el mundo y la relación con los chicos era increíble; estoy seguro que sus alumnos la recuerdan con mucho cariño…”.  

 

“El educador formaba fuera de las aulas con su hábitos y costumbres, su ejemplo y su estímulo…”

Por último Irma leyó una parte muy breve del libro donde describe las repercusiones educativas que consideran que tuvo la fundación de este centro educativo como liceo popular: El liceo surgió del esfuerzo de todos, los alumnos tuvieron parte activa, vivieron el proceso de formación sintiendo que su trabajo era fundamental para sacar adelante una institución que redundaría en beneficio de todos. Quizás para algunos fue el primer momento en el que tuvimos conciencia de servir a la sociedad, de sentirse útiles trabajando con sus mayores, en todos aquellos instantes en los que el liceo necesitó su colaboración. Así los vimos tomar impulso para la campaña financiera; había un compromiso constante de los alumnos, compromiso con los profesores que actuaban en forma gratuita, compromiso con el pueblo sin cuyo aporte no habrían logrado estudiar, compromiso con ellos mismos porque ellos también eran realizadores de esa obra y esa realización no solo dependía de su colaboración, sino también de su rendimiento. Este espíritu de pertenencia surgió espontáneamente y acompañó la vida del liceo durante muchos años; aun hoy algunas generaciones de alumnos continúan reuniéndose y mantienen entre ellos un auténtico vínculo afectivo. Los profesores casi en su totalidad pertenecían a la zona, convivían en todo momento con sus alumnos, se veían en las calles, en los comercios, conocían y sufrían los mismos problemas de la comunidad. El educador formaba fuera de las aulas con su hábitos y costumbres, su ejemplo y su estímulo, es la experiencia constante la que educa al adolescente, una experiencia que además enseña a trabajar integrándose junto a otros. Esta acción colectiva de búsqueda y entrega compartida alimentó algo fundamental en el accionar educativo y despertó y sostuvo el deseo de aprender.

Para finalizar dedicó unas breves palabras sobre la educación pública en el Uruguay, a la cual dijo amar mucho: “La educación pública uruguaya es el patrimonio más rico que mi generación ha heredado de nuestros ascendientes; pertenezco a una familia que valoró mucho la educación, soy lo que soy gracias a la educación pública que he recibido, educación a la que mis padres valoraban y respetaban. Cómo no escribir este libro y difundir todo esto. Con ella se ha construido la idiosincrasia de este país, con ella hemos aprendido a pensar, a reflexionar, a buscar la verdad; ella nos engendró los ideales de igualdad y de justicia, en ella nos enseñaron a ser libres…”.