Dicho proyecto surgió con la finalidad de encontrar respuestas y soluciones ante una variable persistente que ambas maestras observaban en todos los grupos de niños con los cuales trabajan: la escasa “alfabetización emocional” que presentaban los alumnos, esto es, la dificultad que presentaban para lograr el “autocontrol” de sus emociones.
En la cotidianeidad de sus aulas estas docentes comenzaron a notar ciertas conductas y acciones repetitivas en los educandos que reflejaban emociones como miedo, ira, tristeza, ansiedad, alegría, todas ellas surgían sin grandes estímulos y de manera “exagerada” y no sabían explicar con palabras qué emoción sentían, por qué y cómo modificarla. Incluso en reiteradas ocasiones, se manifestaban de forma violenta hacia otros y hacia sí mismos, sin lograr explicar el motivo por el cual lo hacían. Además constataron una gran ansiedad por participar de actividades (o por finalizarlas) y un gran esmero en expresar sus propias opiniones o dar sus respuestas, no contemplando al “otro” y lo que ese “otro” podía aportar. Otros niños, temerosos, se disponían a escuchar o contemplar lo que sucedía en el aula como algo ajeno, así como también el “temor” de expresar una emoción, o constante clasificación degenerativa hacía las emociones. Estas observaciones se volvieron sistemáticas lo que sirvió como base para comenzar una investigación más profunda sobre el caso.
El proyecto áulico se enfoca en lograr un abordaje del coeficiente emocional de cada alumno, promoviendo aprendizajes que apuntan al estudio del mundo interior, al conocimiento personal, que les permita reconocer sentimientos propios y ajenos. Para ello diseñaron y llevaron a cabo diferentes actividades que promueven la toma de conciencia de las propias emociones en el momento que se experimentan, generando así la autogestión. El reconocer y prestar atención a los estados internos favorece no sólo al propio niño sino al “clima áulico”. Las prácticas educativas que han puesto en marcha radican en lo que se denomina “alfabetismo emocional” las cuales permiten el desarrollo de habilidades para motivarse y persistir frente a las frustraciones, controlar impulsos y regular los estados de humor, evitar que las desgracias obstaculicen la habilidad de pensar, desarrollar empatía y esperanza.
Gracias a este proyecto que ha demostrado que se puede lograr un autocontrol de las emociones en los más pequeños y que finalmente la alfabetización emocional es posible, las docentes fueron motivadas por autoridades superiores de Primaria a presentar el proyecto en el Premio Anual a las Buenas Practicas Docentes 2017, un concurso organizado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) que premia las buenas prácticas de aula que se desarrollan en los centros educativos asociadas de la UNESCO, donde obtuvieron el segundo premio.
En dialogo con Tania (joven maestra oriunda de Progreso), nos contó más detalles de este proyecto áulico, por qué es importante abordar las emociones desde temprana edad, el reconocimiento y manejo de ellas, así como también lo que significó este reconocimiento que obtuvieron y los desafíos que requiere ser educadora en una escuela rural.
P.al Día- ¿Cómo surgió la idea de realizar este proyecto?
Tania Fernández- El trabajo lo comenzamos a realizar a través de un problema que distinguimos tanto yo como mi compañera Jimena Damiano, que tenía que ver con el comportamiento de los niños, más precisamente el tema de la autogestión emocional que es cuando por ejemplo sienten tristeza pero la manifiestan a través de la rabia, lo que se presenta como un obstáculo a la hora de aprender. En ese sentido el proyecto lo hicimos para poder mejorar las condiciones de nuestros alumnos y brindarles a ellos las herramientas que les permitieran estar en la escuela y aprender.
Al principio nos preguntamos si en realidad era nuestra responsabilidad tocar ese tema pero debido a que esto sucede muchas veces en el ámbito escolar nosotros entendíamos que como educadores sí teníamos que ocuparnos, involucrando distintos contenidos al programa de educación.
P.al Día- ¿Tú compañera Jimena también trabaja en una escuela rural?
Tania Fernández- Sí, con Jimena nos conocimos en la época de estudio y como las dos estamos trabajando en escuelas rurales nos unimos porque es común que se hagan agrupamientos entre escuelas rurales pero como nuestras escuelas no están en un agrupamiento formal nosotras igualmente decidimos agrupamos porque el problema que tiene la escuela rural es que hay que vencer esa soledad que tenés para planificar, rever y compartir experiencias.
P.al Día- ¿Ambas trabajan con los mismos grupos?
Tania Fernández- Yo tengo Inicial 4 y 5, Primero, Segundo y Tercer grado, que son unos 20 alumnos en total, y ella tiene solamente Primero y Segundo nada más, por tanto coincidimos en parte pero después estudiando más esta problemática cuando empezamos a hacer el marco teórico, que también fue por iniciativa propia para poder recolectar información sobre cómo trabajar el tema, vimos que esta misma problemática se repite en distintas escuelas, liceos, y tiene que ver lo que es llamado por muchos psicólogos la alfabetización emocional.
P.al Día- ¿En qué se basaron para desarrollar este proyecto?
Tania Fernández- Nos basamos en los estudios que se hicieron más que nada desde la Neurociencia que surgieron a partir de este último tiempo a través de que se pudo lograr sacarle fotos al cerebro de los niños mientras pensaban y concluyeron que las emociones y el aprendizaje activan la misma parte cerebral, entonces va de la mano que ellos estén estables emocionalmente con que puedan aprender mejor y lo que nosotros veíamos tenía conexión con eso.
P.al Día- ¿Esto es una problemática específica de alumnos de escuelas rurales o abarca a todos los niños en general?
Tania Fernández- Es una problemática de todos los niños en general, porque al vivir en una sociedad caracterizada por la ansiedad, lo instantáneo y demás, genera dificultad por ejemplo de poder hacer que estén sentados en clase, o hacer una actividad que requiera paciencia, tolerar al otro, y más aun en esas edades. Tanto Jimena como yo veíamos los dos extremos de la gestión emocional, por un lado niños que eran super tímidos, cerrados, al punto de que le preguntabas algo y lloraban, y por otro lado aquellos que querían participar todo el tiempo sin respetar el lugar del otro y eso tiene un mismo patrón.
P.al Día- ¿Qué actividades realizaron para poder trabajar en ese aspecto?
Tania Fernández- Primero lo que hicimos fue buscar materiales que se adapten a la edad de cada niño, por ejemplo trabajar con cuentos que en cierta manera ayudaran a identificar y diferenciar las emociones, de forma que ellos pudieran poner en palabras lo que sentían, sea tristeza, enojo, ansiedad, alegría, miedo, etc.
Otra de las actividades que hicimos fue crear un ambiente resonante donde ellos se sientan seguros, puedan ser escuchados, creamos círculos de confianza donde cada uno cuenta lo que quiere sin presionarlos, que el niño decida lo que quiere hablar a modo de que se forme una telaraña donde sepan que la actitud de cada niño influye en la telaraña en conjunto; si yo un día estoy tenso voy a afectar a mis compañeros entonces hay que cuidar como uno va a clase. Usamos libros, hicimos escrituras sistemáticas donde ellos escribían cómo se sentían y a partir de un cuento le adjudicamos a cada emoción un monstruo de distinto color, entonces por ejemplo la emoción era azul, la alegría amarilla y así sucesivamente.
También creamos bollones de emociones donde cada uno identifica cómo se siente, que es una manera de desahogo emocional sano, además hicimos un Emocionómetro para que los niños reflexionen acerca de cuál fue la emoción que más experimentaron durante la semana o el fin de semana, logrando así identificarla y pensar sobre ella; lo hacemos los viernes evaluando toda la semana o los lunes donde ellos evalúan su fin de semana y ahí vemos la regularidades.
Hicimos actividades sobre como canalizar la ansiedad que era una emoción que a ellos les preocupaba en mi clase. Tenemos el Buzón de la calma donde ellos escriben sus preocupaciones y la depositan en buzón que tienen y ahí ves de todo.
La idea es ir mezclando las actividades, prestarle atención al coeficiente emocional sin dejar de lado el coeficiente intelectual del niño porque si sabemos que las emociones tienen un lugar importante en el cerebro está bueno trabajarlas.
P.al Día- ¿Han notado un cambio en los niños luego de todo este trabajo?
Tania Fernández- No podemos decir que han cambiado rotundamente pero sí vimos distintas evoluciones en cada uno de ellos. Una conclusión que sacamos es que los más chiquitos son los que mejor absorben los conocimientos y lo aplican a la vida cotidiana.
P.al Día- En caso de detectar situaciones relacionadas por ejemplo con violencia doméstica, ¿tienen la posibilidad de derivarlos a un profesional?
Tania Fernández- Sí, de hecho a partir de este trabajo surgieron temas de violencia en el hogar, desajustes, comportamientos de autoagresión que tenían muchos niños que lo empezaron a poner en palabras y de esa manera nosotros nos enteramos. En esos casos lo que nosotros podemos hacer, que incluso en nuestra escuela ya se ha solicitado, son las Escuelas Disfrutables que permite que cuando hay un caso de violencia hacia el niño o un caso de algún desajuste psicológico que se pueda diagnosticar, un equipo interdisciplinario viene a la escuela a brindar apoyo. A partir de esto también hacemos reuniones con la familia, donde le comentamos las emociones que ha experimentado el niño y le sugerimos la posibilidad de consultarlo con un profesional, sea un pediatra o un psicólogo que se encargue de eso, o simplemente para que la familia sepa que nosotros estamos al tanto de lo que siente su hijo y poder abrir un espacio de dialogo.
P.al Día- ¿Cómo reaccionan los padres?
Tania Fernández- No es que seamos psicólogas, nosotras solo le contamos lo que vemos y por lo general lo reciben de forma muy positiva.
Tratamos de ser muy cuidadosas en ese sentido porque tampoco podemos sacar conclusiones ya que si bien tuvimos una formación en psicología no nos alcanza. Solo damos nuestra observación y en muchos casos los padres accionan de inmediato llevándolo a un psicólogo o a consultar con un pediatra.
Con esto de las emociones esperamos que los niños lleguen a 3er. año y sepan lo que es la empatía, el respeto y abordarlo como un eje temático. En mis alumnos de Nivel 4 es donde más se nota la diferencia incluso para contar lo que les pasó, son muy abiertos, sin embargo a los más grandes les cuesta hablar, tienen más filtros.
P.al Día- ¿Cómo surge la posibilidad de presentar el proyecto en el concurso?
Tania Fernández- Cuando la Inspectora Zonal y la maestra que coordina las escuelas rurales se enteraron que estábamos realizando este proyecto nos dijeron que estaba muy lindo todo lo que habíamos logrado y nos sugirió presentarlo en un concurso que se hace cada dos años y finalmente lo mandamos. Cuando nos enteramos que habíamos ganado el segundo premio quedamos sorprendidas porque nosotros armamos el proyecto sin pretender ningún tipo de reconocimiento sino para abordar la problemática que había en la escuela. La idea del concurso de las Buenas Practicas Docentes es que los proyectos se puedan aplicar en cualquier centro educativo y eso es lo bueno que tiene este proyecto porque pueden llevarlo a cabo en otras escuelas, incluso otras compañeras nos han consultado cómo trabajarlas, le hemos prestado material y no solamente ha servido puntualmente en la escuela rural sino también en otras escuelas de contexto critico y está bueno porque tiene aplicabilidad en distintas áreas.
El jueves pasado en el marco del primer Coloquio de Educación Rural de la ciudad de Canelones que se hizo en el Teatro Politeama, realicé una presentación de este proyecto, donde también estuvo presente un psicólogo de educación infantil y lo bueno que él presentó la teoría de todo esto y yo sin saberlo empecé a explicar cómo lo hicimos nosotros y estuvo buenísimo.
P.al Día- ¿Qué premios recibieron?
Tania Fernández- Nos dieron un set de libros para la escuela, un diploma del MEC y UNESCO que suma para la parte de méritos y dinero para cada una.
P.al Día- Esto demandó un trabajo extracurricular, ¿no es así?
Tania Fernández- Toda la parte teórica, el armar los recursos para la actividad y el sustentar un marco teórico que nos diera la pauta de que íbamos por buen camino basándonos en autores que tengan experiencia, ha sido todo extracurricular. Con Jimena siempre nos juntábamos cuando ella salía de la escuela y nos quedábamos hasta tarde, en un principio se hizo con la finalidad de poder ayudar a los alumnos, después surgió todo esto de presentarse al concurso. Yo estoy realizando la Licenciatura en Educación, entonces cuestiones que veía en la escuela las llevaba a ese ámbito y está buenísimo porque a veces se tocan temas y situaciones que yo vivo personalmente, se las cuento y se enriquece todo mucho más. Analizando todo el tema de la globalización y de cómo estamos viviendo hoy día nos preguntábamos cómo lograr que la próxima generación tenga autonomía, trabajar de lo que quieren, de poder formarse más allá de su contexto, poder superar esas barreras y esto de la autogestión emocional tiene que ver con eso, va en la misma línea de brindarles herramientas que ellos necesitan para la vida y poder ser felices que es el fin.
P.al Día- ¿Cuáles son los desafíos de ser docentes en una escuela rural?
Tania Fernández- Es totalmente distinto trabajar en una escuela rural que en una escuela común; en primer lugar que ingresás sin material de cómo enfrentarte, tenemos un mes de capacitación en el instituto que es insuficiente, después está el tema de cómo superar la barrera de lo que es la soledad ya que si vos por iniciativa propia no te juntás con otra docente no podés tener una visión más critica de lo que está pasando en tu clase; tampoco contás con apoyo de otros especialistas, solo si lo pedís con mucho tiempo de anticipación pero no como en otras escuelas que llamás y en seguida lo tenés, la lejanía que tienen los niños de ir a un pediatra o a un psicólogo porque si bien algunos tienen los medios de transporte para hacerlo, otros quedan como asilados.
Por ejemplo cuando yo comencé a trabajar en la escuela rural no tenía ni idea de cómo planificar porque al ser multigrado cambia todo, tampoco tenía dónde buscar material, era solo el boca a boca a través del intercambio con otra compañera que te explicara cómo hacía ella. Tener la oportunidad de intercambiar material y que esto se suba está buenísimo, de hecho me han escrito muchas maestras que hace año están trabajando y me contaron que usaban otros elementos para canalizar las emociones como por ejemplo la música y está bueno porque enriquece el proyecto que pensamos que va a seguir el año que viene obviamente con otros recursos y materiales, actualizarnos pero seguir trabajando en esta misma línea.
P.al Día- Felicitaciones por esta iniciativa y estamos a la orden…
Tania Fernández- Muchas gracias a ustedes, está bueno la oportunidad de compartir las experiencias porque te hace crecer como profesional, tomar ideas de otros y demás está decir que quien necesite cualquier tipo de material estamos a las órdenes para realizar ese intercambio y ayudar a otros porque como dijimos antes no es para la escuela rural específicamente sino para todas las escuelas.