El pasado 30 de diciembre y luego de casi 40 años de labor en el ente (1981) Margarita “La de Antel”, como muchos la conocen, finalmente se jubiló, sin duda, una persona muy querida por todos. A un mes de jubilarse Margarita confiesa que si bien extraña el trabajo y el trato con el público, está empeñada en descansar, hacer otras actividades que le apasionan y disfrutar de su esposo, sus hijos Darío (40), Melisa (35), y Sebastián (25), y sus nietos.
En dialogo con Margarita nos cuenta acerca de cómo se da su ingreso al ente, sus inicios en esa labor, cómo fue evolucionando la tecnología en el mundo de las comunicaciones, el vinculo con la gente, así como también recuerda algunas anécdotas de aquella época.

P.al Día- Primero que nada contanos cómo se da tu ingreso al ente…
Margarita Machín- En ese entonces los familiares de los funcionarios tenían preferencia entonces como yo estaba casada con Sergio (Scópice) que trabajaba en Antel (Sergio entró en el año ´75 como becario de la UTU cuando tenía 17 años) me anoté y al año y medio me llamaron, me tomaron una prueba y el 30 de diciembre de 1981 ingresé a trabajar como telefonista. En ese momento yo tenía 21 años, nunca había estado en una central y al ver todas esas clavijas y el ruido que había pensé que no iba a durar mucho.
El primer día todas mis compañeras me recibieron muy bien, como era fin de año los abonados hacían llegar regalos a las muchachas y como una de ellas avisó que tenían una compañera nueva ese día me fui con los bolsos llenos de regalos, botellas de vinos de diferentes bodegas, un pollo, masitas, las farmacias nos mandaron perfumes, fue una gran sorpresa.
P.al Día- Pensaste que no ibas a durar mucho y terminaste trabajando allí casi cuatro décadas…
Margarita Machín- Sí, en principio iba a estar tres meses a prueba. Cuando ingresé la supervisora era Laura Amorín, después ella se enferma y queda como supervisora Nilda Bolaño y pasados los tres meses Nilda firmó para que siguiera trabajando así que gracias a ella estuve 39 años ahí adentro.
En aquella época Antel estaba donde ahora está ubicada la oficina de Desarrollo Social de la Intendencia de Canelones, muy cercano al actual edificio que se construyó en 1989.
P.al Día- ¿Qué recuerdos tenés de tus inicios?
Margarita Machín- Fue una época hermosa porque había más contacto con la gente ya que era un trabajo diferente, todo pasaba por nosotros. En aquel entonces seríamos unas 14 funcionarias y éramos muy compañeras tanto dentro como fuera del trabajo, como si fuéramos una familia; cuando faltaba alguien venía gente de San José, Santa Lucía, San Ramón... Si me preguntás si quisiera volver a esa época te diría que sí, me encantaría, tengo lindos recuerdos de mucha gente y también estaban los que no nos querían mucho.
P.al Día- Contale a los más jóvenes cómo funcionaba la comunicación telefónica en aquel entonces…
Margarita Machín- La gente discaba con una manija, tenías que conectarte con otra clavija, anotabas en una boleta blanca el numero que te llamaban y a dónde querían llamar. Las llamadas locales eran rápidas y prácticamente no tenían demoras pero a Montevideo las demoras eran de dos o tres horas y por ejemplo para comunicarnos con Florida teníamos que hacer escala en otras localidades porque no había comunicación directa. En Progreso había dos cabinas y como había mucha demora pedían la llamada, se iban y luego volvían. Todo el mundo quería la llamada urgente pero no dependía de nosotros. Teníamos solo dos líneas a Canelones, dos a Las Piedras, una a Montevideo y una a Juanicó. Cómo teníamos solo dos líneas que podíamos telediscar cuando los funcionarios de la central de Juanicó y Canelones tenían poco trabajo nos ayudaban entonces nosotros les pasábamos el numero, ellos discaban y hacíamos una cadena.

P.al Día- En esos tiempos tenían mucho trato con las personas y conocían a toda la gente porque toda comunicación que se realizara debía pasar por ustedes…
Margarita Machín- Así es, conocíamos a toda la gente e incluso me acuerdo de la mayoría de los números que eran de dos y tres cifras; por ejemplo la farmacia era 58 y la comisaría 56. Recuerdo que a las 5 de la madrugada te llamaban los carniceros Lema y Cattini para hablar con los frigoríficos. También nos llamaban los médicos cuando salían a hacer las visitas a domicilio por si había alguna emergencia y cuando ellos volvían les pasábamos los datos de quienes habían llamado. También me acuerdo que cuando Flora tenía la peluquería pegada a Antel la llamaban a la central para hablar con ella y nosotros le golpeábamos la pared con una cuchara y ella ya sabía que tenía que venir a atender la llamada.
Pero no toda la gente era amable, había abonados que nos insultaban cuando le decíamos que había mucha demora entonces le poníamos lo que se llama una clavija ciega y quedaba bloqueado. Después se aparecían al rato en la central y le decíamos que no le atendimos porque nunca había sonado. Igualmente más allá de algunas excepciones el vínculo con la gente siempre fue bueno.
P.al Día- ¿Escuchaban conversaciones privadas?
Margarita Machín- No, no estaba permitido… Pero algunas compañeras sobre todo en Las Piedras escuchaban sí, hay muchas historias en ese sentido.
P.al Día- ¿Recordás cuántos abonados había en Progreso en aquel entonces?
Margarita Machín- Había 220 líneas telefónicas que abarcaba Progreso y parte de Canelón Chico. Hoy en día si bien la gente ya no usa el teléfono de línea mucha gente lo mantiene porque sirve como soporte para tener cámaras de seguridad o Internet. Hoy hay muchas más líneas…
P.al Día- ¿Quiénes fueron las compañeras con las que compartiste más tiempo?
Margarita Machín- Susana Luaces, Esther Chinante, Alicia Piegas y Nilda Bolaño; con ellas fuimos compañeras durante décadas, yo fui la ultima en irme. Después estaban Jorge y Marcelo que son los mensajeros que entraron siendo adolescentes, tenían 15 años y nosotras éramos como sus mamás; ellos nos ayudaban a nosotras los fines de semana, especialmente los domingos.
P.al Día- Imagino que en tantos años de trabajo tendrás muchas historias para contar, ¿recordás alguna anécdota que puedas compartir con nuestros lectores?
Margarita Machín- Sí tengo muchos recuerdos; una vez llama de urgencia Ricardo que era un enfermero de la Médica Uruguaya solicitando una ambulancia porque había un niño grave, atendí yo, hice todo el trámite, y cuando le pregunté el nombre del niño resulta que era mi ahijado Álvaro Carnelli que había tomado kerosene pero por suerte la historia terminó bien.
Otra anécdota que tampoco fue buena, cuando se instalaron las centralitas eléctricas cada vez que había tormenta los rayos pasaban por el distribuidor que estaba detrás de nosotras, venía por las clavijas y si vos en ese momento atendías la llamada recibías una descarga eléctrica y podías llegar a perder el oído. Una vez recibí una descarga que me tiró para atrás de la silla y si bien no perdí el oído izquierdo quedó bastante sensible. Por ese motivo me sumaron años de jubilación porque era considerado insalubre.
P.al Día- ¿Cómo fue evolucionando la tecnología?
Margarita Machín- Primero se pasó de la clavija al automático y posteriormente con la inauguración del telecentro pasamos al telediscado; era todo nuevo para nosotros porque dejamos de pasar las llamadas ya que la gente podía discar directamente pero sí teníamos que contabilizar lo que le íbamos a cobrar. Hasta el año ´95 que llegó toda la parte digital nosotros seguíamos trabajando con la consola porque las cabinas, que estaban abiertas desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche, las controlábamos desde allí. Ahí fue que aparecieron las guías telefónicas que eran muy importantes en aquella época porque no solo tenía el teléfono de la persona sino también la dirección.
Los telegramas los hacíamos por teléfono y cuando pasamos al telecentro teníamos un teletipo que era un aparato telegráfico que tenía un teclado que permitía la transmisión y la recepción de mensajes escritos en caracteres alfabéticos y todo eso fue muy nuevo para nosotros. Ahora prácticamente el telegrama ya no se usa y lo mismo pasa con el telefax.
Creo que con la llegada de la tecnología se fue enfriando el contacto con la gente porque si bien la tecnología te acerca porque estamos más conectados a su vez te aleja porque está todo el mundo con el celular y se van perdiendo las relaciones.
P.al Día- ¿Cuál fue la época más difícil de trabajo?
Margarita Machín- Cada época tuvo su momento complicado. En la primera etapa donde la tarea era más que nada manual con las clavijas era todo muy complejo y cuando llegaron las nuevas tecnologías también porque la parte tecnología no me gusta mucho.
P.al Día- ¿Cuándo llegaste a Progreso?
Margarita Machín- A los 4 años de estar trabajando en Antel le compramos la casa a una compañera de trabajo que renunció y me vine a vivir a Progreso, así que hace 35 años que vivimos acá.
P.al Día- ¿Trabajaste los 39 años acá en Progreso?
Margarita Machín- Sí, estuve en La Paz y en Las Piedras pero fue por muy poco tiempo. La central también fue una especie de guardería para mis hijos, sobre todo para Melisa, porque teníamos que llevarlos al trabajo porque los dos trabajábamos en Antel. Recuerdo que una vez el Juez Durán, que siempre nos pedía llamadas urgentes, me reprendió porque llevaba a mi hija en la moto parada adelante así que me fui con la moto de tiro con ella sentada adelante porque no me dejaba ir.
P.al Día- En tu último día de trabajo tus compañeros te hicieron un pequeño reconocimiento por tu trayectoria, ¿no es así?
Margarita Machín- Sí, si bien el 30 de diciembre pasado se cumplieron 39 años desde que entré a trabajar ya me había retirado el 21. Los compañeros me organizaron una linda una sorpresa en la central y luego hicimos una recorrida donde fuimos a visitar ex compañeras ya retiradas como Esther, Susana, Gladys y Nilda que siempre estábamos juntas; me emocionó mucho porque fue algo inesperado.

P.al Día- ¿Cómo llevás estos primeros días luego de jubilarte?
Margarita Machín- Creo que todavía no he caído que me jubilé, es como que siento que estoy de licencia y tengo que volver a trabajar; pasó muy rápido el tiempo, parece que fue ayer que entré a trabajar. Sin duda voy a extrañar porque me gustó mucho trabajar allí, me encantaba atender al público y si bien creo que hubiera seguido algún año más era el momento de irme, fui la ultima en jubilarme de esa generación y hay que darle paso a las nuevas generaciones. Ahora empiezo otra etapa de mi vida que espero disfrutarla con la familia y los nietos, también me encanta la fotografía así que algo relacionado a eso voy a hacer.
P.al Día- ¿Algo más que quieras agregar?
Margarita Machín- Quiero mandarle un beso a Gladys Piegas y a toda su familia que está pasando por un momento muy difícil, la acompañamos y la queremos mucho.
P.al Día- Gracias por tu tiempo y que disfrutes de esta nueva etapa que comienza…
Margarita Machín- Gracias a ustedes por la entrevista.