En Progreso instaló su taller de confecciones y trabajó para las mejores sastrerías del país y en forma paralela se dedicó a tocar el violín luego de haber cursado estudios durante su juventud en un conservatorio de la capital.
El pasado jueves Don Idilio cumplió nada más y nada menos que 100 años por lo que fuimos hasta su vivienda en el barrio Rigau para charlar sobre su infancia, sus inicios en la música y los oficios que tuvo que aprender para ganarse la vida.
P.al Día- Primero que nada cuéntenos dónde nació…
Idilio Miranda- Nací en Tacuarembó, vivía en un campo que tenía mi abuelo en un rancho de barro con mi padre Juan Ignacio, mi madre Mónica y mi hermana, pero como allí no había mucho futuro cuando yo tenía cinco años nos vinimos a Las Piedras; habíamos alquilado una pieza a unos turcos que después nos hicimos como de la familia. Cuando llegamos mi padre empezó a buscar trabajo consiguió en AFE en la cuestión de las bolsas de lana y terminó como guarda.
P.al Día- ¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
Idilio Miranda- Yo me crié prácticamente en la calle, hacía lo que quería pero era otra época, se vivía en paz y no pasaba nada. Jugábamos todo el día al futbol con una pelota de trapo en la calle.
P.al Día- ¿Dónde cursó la escuela?
Idilio Miranda- Fui a la escuela Experimental de Las Piedras que me quedaba a media cuadra de mi casa.
P.al Día- ¿Cursó secundaria?
Idilio Miranda- No, no hice secundaria porque ni siquiera había liceo en Las Piedras en ese entonces. Salías de la escuela con 13 años y tenías que salir a buscar trabajo (*).
El liceo en Las Piedras se creó en 1937, antes solo existía el Liceo en ciudad de Canelones, llamados Liceos Departamentales).
P.al Día- ¿Dónde trabajaba a esa edad?
Idilio Miranda- Un tío mío tenía un taller de recuperación de baterías y también hacía trabajos eléctricos entonces me llevó a trabajar con él donde estuve tres años. En ese entonces yo andaba en una bicicleta que tenía, mi tío vio las condiciones que tenía y me llevó a comprar una bicicleta a Montevideo. Había una cantidad de bicicletas, yo estaba enloquecido y vi una Peugeot con llantas de madera y me la compró. Tenía que pagarle $7 por mes de cuota y él me pagaba $8. Yo cambiaba baterías y me dejaban propina.
Cuando tenía 16 años me empecé a destacar con la bicicleta, decían que yo era una promesa. Corrí en Montevideo, en Las Piedras, en Canelones, en Santa Lucía, gané diez carreras.
P.al Día- ¿Cómo se da su incursión en la música?
Idilio Miranda- Un día fui a un boliche y estaba tocando un bandoneonista y un violinista y me gustó el violín, y como decían que yo ya era una promesa fracasada porque ya no me interesaba la bicicleta la vendí y con esa plata fui al Palacio de la Música y me compré un violín que todavía lo tengo.
Primero comencé a estudiar desde Buenos Aires por correspondencia y después estudié en el Conservatorio durante 9 años.
P.al Día- ¿Qué se requiere para aprender a tocar el violín?
Idilio Miranda- Lo importante es que te guste la música.
P.al Día- ¿Usted le enseñó a tocar el violín a su hijo?
Idilio Miranda- Sí, aprendía de mala gana pero finalmente aprendió. Tiene unas condiciones bárbaras, él siempre está tocando en un lugar o en otro.
P.al Día- ¿En qué otros trabajos se desempeñó?
Idilio Miranda- Luego de trabajar en el taller fui zapatero, después me dediqué a la confección de ropa porque como mi madre hacía pantalones yo agarraba la maquina y me ponía a coser. Trabajé con un judío que tenía el local en 18 de Julio y Convención. También trabajé en una atelier en la calle Buenos Aires donde pasaba el día entero allí pero como no me gustaba mucho volví a la sastrería.
Un día vi en el diario un anuncio de Casa Rhin donde solicitaban un oficial para prensa fina, llevé una muestra de confección fina, la miraron y me dijeron que podía trabajar. Estaba en 18 de Julio y Andes y era la numero uno del país en ese rubro al punto que venían artistas desde Buenos Aires a hacerse los trajes.
Allí trabajé durante 10 años hasta que el local comenzó a venirse abajo y cerró y todos los trabajadores fuimos a parar a Good Style que también estaba en el centro de Montevideo y me tomaron en seguida.
P.al Día- Usted se vino a vivir a Progreso en el año ´54, ¿cómo era la ciudad en aquella época?
Idilio Miranda- Muy tranquilo, por $200 comprabas un pedazo de tierra y cada uno hacía su casa, acá en el barrio eran todos de apellido Temer y nos hicimos todos amigos.
Yo acá encontré la tranquilidad y la felicidad, tenía seis maquinas y tres empleadas y trabajábamos para las mejores sastrerías del país.
P.al Día- ¿En todos esos años, alternaba su actividad laboral con la música?
Idilio Miranda- Sí, trabajaba entre semana y los fines de semana salíamos a tocar. Teníamos una orquesta llamada Típica Don Juan y tocábamos en todos lados tanto en Montevideo como en el interior; tocábamos en San José, Florida, en el Club Juventud de Las Piedras, en el Club Social Progreso y todo el santoral, San Ramón, San Jacinto, Santa Rosa. Además íbamos a todas las escuelas y liceos a tocar.
P.al Día- ¿Qué significa para usted estar cumpliendo 100 años?
Idilio Miranda- Yo todas las noches hago una oración y le pido a Dios que cuando no pueda valerme por mi mismo no me gustaría seguir viviendo.
P.al Día- ¿Qué le gusta hacer actualmente?
Idilio Miranda- Me gusta la soledad, vivir tranquilo, cocinarme y escuchar música clásica.
P.al Día- ¿Qué cosas le quedaron pendientes?
Idilio Miranda- No tengo nada pendiente, estoy satisfecho con todo lo que hice. Vivía en los conciertos del SODRE, vi a todos los grandes violinistas, al teatro Solís le gasté los asientos porque íbamos siempre con mi señora, trabajé toda la vida, me jubilé casi a los 90 años así no me quedó nada por hacer ni por ver.
P.al Día- ¿Usted que ha vivido tantos años qué consejo le daría a los jóvenes?
Idilio Miranda- Que se pongan como meta el deseo de conseguir algo y luchen por eso.
P.al Día- Gracias por recibirnos, por compartir su historia de vida con nosotros y que tenga un Feliz Cumpleaños…
Idilio Miranda- Gracias a ustedes, ha sido un placer haberlos recibido y un saludo a mi querido pueblo de Progreso.