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04/06/2025

El sueño de una comunidad: 108 años de la Capilla San José de Progreso

El 25 de mayo de 2025, la comunidad de Progreso se reunió con júbilo para conmemorar 108 años de un hito que marcó el corazón de la localidad: la colocación de la piedra fundamental de la Capilla San José. Aquel 25 de mayo de 1917, a las 3 de la tarde, no solo se depositó una piedra, sino que se sembró la semilla de un sueño compartido que se alzaría como un faro de fe y comunidad. La ceremonia de colocación fue oficiada en aquel entonces por el cura Vicario de la Iglesia de Las Piedras, Eduardo Dufrechou.
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Fue el anhelo de un grupo de vecinos, en su mayoría inmigrantes italianos y españoles, lo que impulsó esta gesta. Cansados de las largas y tortuosas travesías en carreta dominicales hasta la Iglesia San Isidro Labrador en Las Piedras para asistir a misa, estos hombres y mujeres se reunieron en 1915 en casa de Don Pedro Stocco. Allí, en medio de la sencillez de un hogar, plasmaron su deseo de construir un templo propio. Es importante destacar que Don Pedro Stocco no solo abrió las puertas de su casa, sino que también realizó una contribución fundamental: la donación de los 30.000 ladrillos que serían el esqueleto de la iglesia. Otro gesto de generosidad clave fue la donación del terreno por parte de Don Fernando Dumoulin Varonne, sin el cual este sueño no hubiera podido materializarse. Parte de las Damas Católicas de la sociedad montevideana también participaron activamente en las donaciones para este noble fin.

La Comisión Pro Templo, una fuerza impulsora detrás de este proyecto, estaba formada por el Hermano Arsenio de la Sagrada Familia, quien era un gran amigo del arquitecto Juan Giuria. Junto a él, trabajaron incansablemente el Señor Piñeyrúa y señora, Don Pedro Stocco y señora, Don Carlos Druillet, el Dr. Juan Morelli y señora, Don José Iglesias, Don Cayetano González, Don Carlos Rosello, Don Fermín Reyes, Don Bonifacio Moreira y Don Tomás Infante. El apoyo de las mujeres fue crucial, y entre ellas destacaron las Señoras Rosa Mackinon, Johana Favaretto y Lía Navajas, junto a otras señoras. Fieles y fervientes, necesitaban un lugar sagrado para orar por sus hijos, sus padres y hermanos, muchos de los cuales habían partido. El templo se concebía como un refugio para las oraciones de los fieles, los bautismos, primera comunión, casamientos, un espacio de consuelo y esperanza. Las reuniones se hacían semanalmente en casas de familia, donde se ponían al tanto de los logros y las dificultades, manteniendo viva la llama de este proyecto colectivo.

La Capilla San José está ubicada en el Barrio Eliseo Argentino, un terreno adquirido por Francisco Piria para la venta de solares en Progreso. En aquel entonces, este barrio contaba con muy pocos vecinos, lo que ofrecía un paisaje desolador pero de una belleza incomparable, surcado por cañadas y arroyos. En medio de esa quietud, nació la esperanza de un templo.

Aquel día de 1917, frente a la inmensidad del medio rural, con apenas recursos materiales pero con una fe y un fervor inquebrantables, se leyó un pergamino que luego se firmó y, guardado en una caja de zinc, fue depositado en un hueco de la piedra fundamental. En ese acto simbólico nació la esperanza. Grandes personalidades de la academia estuvieron presentes el día de la colocación de la piedra fundamental, y Juan Zorrilla de San Martín, el poeta de la Patria, hizo una sentida alocución sobre la importancia y significación de la presencia de la Iglesia Católica que, a través de la fundación de una Capilla, traería una bendición para el Pueblo de Progreso.

El proyecto, ambicioso para la época, contemplaba una iglesia de 40 metros de largo por 14 de ancho, con un costo estimado de 18.500 pesos uruguayos. Para darle forma a este sueño, se contrató a Juan Giuria, una figura clave y pionera de la arquitectura nacional, quien fue el encargado de diseñar los planos.

La obra se concretó gracias a la generosidad y el incansable trabajo de todos los vecinos. No solo donaron materiales, sino que también dedicaron incontables horas de trabajo para levantar el templo ladrillo a ladrillo. Este esfuerzo mancomunado fue el verdadero cimiento de la Capilla San José, fruto de la perseverancia de un pueblo.

El 8 de diciembre de 1918, un año y medio después de aquel hito, se celebró la primera misa en la nave derecha, ya techada y casi terminada. Durante la década de 1920, la capilla fue tomando su forma definitiva: se terminó de techar con tejas francesas y se embaldosó el piso. Cada detalle fue sumando a la belleza del lugar. El altar de mármol, donado por la familia Morelli, y los vitrales, fruto de la devoción de los fieles, son testimonios vivos de esa entrega. Los vitrales fueron encargados en París en 1926, y cada uno lleva el nombre del donante, ofrecido a su santo devoto. La Capilla, además, luce muchos ornamentos que datan de la época de su fundación, conservando la esencia de sus orígenes. La estatua de San José, patrono de la iglesia, llegó desde el Tirol, y las campanas, que arribaron en 1919 desde la Estancia de la Provincia de Buenos Aires de la familia Morelli, resonaron por primera vez marcando el pulso de la comunidad.

Un detalle que subraya la atmósfera de devoción de la época es la presencia de los Hermanos de la Sagrada Familia. Amigos de Fernando Dumoulin Varonne, habían construido una casa de retiro frente a su terreno, cuyas construcciones aún hoy pueden apreciarse, evidenciando el ambiente de fe que rodeaba la gestación de la capilla.

Un legado de educación y servicio

En 1930, los Hermanos de la Sagrada Familia tuvieron la visión de crear un Colegio Católico gratuito para los chicos de Progreso. Inicialmente funcionó una escuela de varones a cargo de los propios Hermanos, y luego se hicieron las instalaciones para un colegio de niñas, para el cual se contrató a la maestra Filomena Pascalle. Su labor educativa en el colegio se caracterizó por un compromiso con la formación integral, impartiendo conocimientos académicos junto con una sólida guía moral y espiritual. Inculcaron valores de disciplina, respeto y responsabilidad social, formando a los estudiantes no solo intelectualmente, sino también como individuos compasivos y éticos preparados para contribuir positivamente a su comunidad.

En 1957, la Congregación de Hermanas francesas de Anglet se hizo cargo del colegio, que para entonces ya era mixto, y lideraron la educación hasta 1971. Tras un vacío educativo, el obispo de Canelones, Orestes Nuti, viajó a Italia para gestionar la llegada de nuevas hermanas que pudieran continuar la labor educativa. Así, el 19 de marzo de 1976, llegaron por primera vez a Progreso las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia de Castelletto: Hna. Elda, Hna. Lucía y Hna. Inés.

Su labor educativa, cultural y social fue tan valiosa que el pueblo de Progreso experimentó un cambio ampliamente positivo. Su labor educativa dejó una profunda transmisión de valores de solidaridad que se siente hasta el presente en la comunidad. Con su humildad y vocación de servicio, las Hermanas no solo se hicieron cargo del Colegio, sino también de una Policlínica pensada para brindar atención de salud a personas de bajos recursos. Esta policlínica contaba con la atención de varios especialistas, incluyendo odontólogo, pediatra y medicina general, y ofrecía medicamentos gratuitos, lo que representó un invaluable apoyo para la comunidad.

En el presente el trabajo incansable de la Hna. Neli y la dedicación de la Hna. Teresita en la catequesis, junto con su labor con la comunidad en general, son ejemplo de una vocación inquebrantable que se refleja en el afecto de las personas de Progreso.

En la actualidad, el Colegio cerró sus puertas y sus instalaciones son ocupadas por un CAIF (Centro de Atención a la Infancia y la Familia), una institución del estado.

 

Conmemoración en el presente

Hoy fue un hermoso día de sol. Sus rayos entraban a través de los vitrales de las naves, el altar y el coro, creando un ambiente de luz y recogimiento. La Capilla fue ornamentada con distinguidas flores colocadas por las encargadas, y el guión de la ceremonia fue muy vívido, a tono con la alegría del día.

Este año, la Comisión de Patrimonio Religioso de la Capilla San José coordinó junto a las Hermanas la conmemoración de los 108 años. Contamos con la presencia de los Hermanos del Colegio Sagrada Familia de la Aguada, Montevideo, Provincial Edgardo Bruzzoni junto al Hno del Consejo y la Señora Rosario Bianco, coordinadora internacional del Turismo Religioso en Uruguay. También nos acompañaron los jóvenes del Hogar que funciónó en Progreso Miguel, Miyel y Marcelo, quienes además participaron en la ceremonia con la lectura del evangelio, manteniéndose ligados a la comunidad.

Fue una misa muy emotiva celebrada por el Padre Cristhian de la Congregación de San Antonio María Claret. En su homilía, el Padre Cristhian resaltó la importancia de estar unidos como comunidad, de trabajar juntos no solo para mantener en pie esta hermosa capilla, sino para dar testimonio como verdaderos cristianos en amarnos los unos a los otros. El coro acompañó la celebración con cánticos acordes a la liturgia y a la conmemoración de este aniversario tan significativo para el Pueblo de Progreso.

Este día especial fue un punto de encuentro para personas de todas las edades, muchas de ellas parientes, amigos y vecinos, algunos que vinieron de lejos porque ya no residen en Progreso. Entre abrazos, risas y lágrimas de emoción, se narraron historias que juntas enriquecen la memoria colectiva, recordando el espíritu de aquellos que hicieron posible este sueño. Para cerrar este hermoso día, todos compartieron una torta con café, un momento de camaradería que selló la unión y el recuerdo.

La Capilla San José sigue en pie, no solo como un edificio de ladrillo y argamasa, sino como un monumento a la fe, la perseverancia y el espíritu comunitario de aquellos pioneros. Es un recordatorio palpable de lo que se puede lograr cuando un grupo de personas se une con un propósito común, transformando un sueño en una realidad que perdura a través del tiempo y que ha dejado una huella imborrable en la historia de Progreso.