Este año Gustavo Cabarcos (Progreso) y Andrés Espino (Juanicó) iban por los 160 kilómetros –Gustavo tuvo que conformarse con 120 kms por un tema sanitario- y Natalia Marichal (Juanicó) 40 kilómetros.
Para saber conocer más detalles de esta fantástica y desafiante experiencia; dialogamos con Gustavo y Andrés.
“Tener ese espíritu de lucha, de rebeldía, de que ante una adversidad hay que seguir, te ayuda a conocer tus límites…”
P.al Día- Hace pocos días participaron de La Misión 2026. ¿Cómo definirían este evento La Misión?
Gustavo Cabarcos- La Misión es un desafío, son desafíos de carácter personal que uno se plantea, el ser capaz de poder encarar este tipo de actividades. Un eslogan que tiene la Misión es «Llegar es ganar», es una competencia a la resistencia, a la tenacidad, a la cabeza, del que la realiza y todo enfrente a un entorno natural imponente, porque es imponente. Nosotros acá tuvimos ocho meses de entrenamiento hicimos muchas cosas, muchas horas, hicimos Cerro de Tupambaé, cerro Los Cimarrones, hicimos muchas horas de cerro de Montevideo subiendo y bajando, muchas horas en Piriápolis en el cerro San Antonio y el cerro Del Toro.
Andrés Espino- Después de haber trabajado todo el día nos juntábamos a las nueve de la noche en Piriápolis y estábamos doce horas con las mochilas en los cerros subiendo, trotando, bajando; pero todo lo que hicimos para prepararnos acá no se acerca en nada a lo que vivimos allá. Físicamente estábamos preparados pero no estábamos preparados para la inmensidad que tiene eso, porque la altimetría que tiene es increíble, las paredes que hay que trepar es increíble, te parece que no las vas a poder trepar, y ves que otro lo hace y lo hacés, te vas adaptando a eso y después sos uno más.
P.al Día- Hay muchos términos por ahí, cual le calza mejor a La Misión? Autosuficiencia, Aventura,Peregrinación, Desafío, Travesía.
Gustavo Cabarcos- Y mirá, autosuficiencia número uno, desafío, tremendo desafío, peregrinación sí, cada uno hace su proceso, cada uno trae su carga, su mochila.
Andrés Espino- Estrategia también, porque varía mucho todo y cada uno tiene que hacer su estrategia, varía mucho el clima y uno tiene que ver que llevo… Los que corrimos 200 y 160 kilómetros te da un bolso la organización, vacío, ese bolso vos podés llenarlo con lo que vos quieras, yo le puse calzado, medias, medias de compresión, linterna y más cosas. Ese bolso está en Villa Traful a los ochenta kilómetros de la salida. Yo llevé en la mochila el sobre de dormir, porque no sabía con que me iba a encontrar, lo podía haber puesto en ese bolso, cargué con dos kilos de más, pero bueno son estrategias que capaz otro año lo necesitas.
Gustavo Cabarcos- En ese sentido yo quería cargar con el sobre porque una gran incógnita por lo menos personal era hasta cuando iba a soportar el cuerpo la carga, nunca habíamos estado horas y horas. Cuando yo resuelvo parar, él (Andrés) estaba con mucho mas combustible que yo, nuestro arreglo era llegar a Traful, al bolso ese bendito que teníamos todos para reponernos… Andrés estaba más entero y yo decidí parar en el kilometro 63, y él siguió para descansar en Traful. Yo descansaba y me trataba las llagas que ya tenía en los pies, entonces para mi cargar el sobre de dormir fue un alivio porque yo tenía la tranquilidad que podía parar en cualquier lado y no me pesaba porque las noches allá son muy frías… En el día teníamos 23-24º pero en la noche teníamos 0º, yo había llevado un sobre para -5º y es espectacular.
P.al Día- Ustedes cada distancia tenían un tiempo para cumplirlo…
Andrés Espino- Sí, por eso está la estrategia, vos decís cuando paro, cuando descanso, cuando como, o como caminar o si duerno o no duermo, hay gente que no durmió.
Gustavo Cabarcos- Para realizar la carrera, la que nos habíamos marcado que era la de 160 kms tenías 72 horas, largabas el jueves a las 10 am y tenías para llegar hasta el domingo a las 10 am. A mí con todo lo que me pasó decidí cambiar a 120 kilómetros para poder llegar en tiempo, ahí me recortaron el tiempo a 54 horas. Ahí me sumé con otro compañero –que me hice ahí- en Villa Traful, en el andar, en la marcha, que también estaba roto, uruguayo también… Ahí empezó otra misión para nosotros, en Villa Traful nos atendió el médico nos preparó para drenar ampollas, nos preparó los pies y salimos desde Villa Traful a hacer los 40 kms restantes. La marcha con los pies lastimados se hace muy lenta y eso te empieza apretar el tiempo, ya después es una carrera contra el tiempo.
P.al Día- ¿Lo consideran un desafío más físico que emocional, o al revés?
Andrés Espino- Más mental, en el caso de Gustavo cuando el físico no te deja es más mental. En mi caso yo me di cuenta que yo estaba tan fuerte de cabeza, la rodilla me la jodo a los 110 kilómetros y los otros 50 kilómetros los hice con mucho dolor.
Gustavo Cabarcos- Hablando porcentualmente, creo que 60% mental y 40% físico.
P.al Día- ¿Qué los llevó a participar?
Gustavo Cabarcos- Nosotros formamos parte de un grupo que se llama KM Running de Las Piedras, el entrenador nuestro es David Vega. Nosotros siempre estuvimos con el tema del ciclismo, y unos amigos/compañeros corrieron La Misión 2025 y nosotros acompañamos desde afuera todo ese proceso, con el agravante que uno de nuestros compañeros a los 10 kms que larga se quebró, eso fue en febrero 2025… En marzo nosotros estábamos entrenando sin objetivo, trotando en el parque y yo iba trotando con Abel (Tejera) el otro muchacho que hizo 160 kilómetros ahora con Andrés, y me dice «che Tabo, tenemos que hacer algo, no podemos estar entrenando sin objetivo». Como estaba muy latente lo de La Misión, le digo «vamos a correr La Misión el año que viene», por el 2026. Nos paramos y me queda mirando, y me dice «vos me estás hablando en serio», ahí nos estrechamos la mano y sellamos un pacto. Ahí hablamos con David -el entrenador- para ver si estábamos a tiempo de comenzar el entrenamiento para dicho objetivo, y ahí se sumó también Andrés tras enterarse de nuestra decisión, se sumó también Natalia (Marichal) la señora de Andrés, se sumó Ale Soca y la mamá de Abel también. Las tres chicas fueron por 40 kilómetros y nosotros fuimos por 160 originalmente.
P.al Día- ¿Cuántos participantes tuvo esta edición de La Misión?
Gustavo Cabarcos- Participaron 800 personas en todas las distancias, en todo el periplo… Qué pasa, Villa La Angostura, Villa Traful son pueblos muy chicos, entonces la logística de esos pueblos es muy acotada en cuanto adonde quedarse, vuelos. Nosotros faltando seis meses para La Misión ya teníamos los vuelos, reservas de las casas donde nos quedamos, lo último que reservamos faltando una semana fue los autos, llegamos unos días antes para la “aclimatación” y recorrimos un poco.
“El impacto más grande fue el contacto con la naturaleza y la inmensidad de las montañas…”

P.al Día- Cuál es el impacto más grande de esta aventura o travesía? El desafío es con uno mismo, con la naturaleza…
Andrés Espino- Para mí el impacto más grande fue el contacto con la naturaleza y la inmensidad de las montañas, porque si había algo que te motivaba a continuar era que a cada paso descubrías algo diferente, era increíble… De repente tenés tierra, de pronto pasto, piedras, agua, arena volcánica que te enterrás hasta el tobillo, y después piedra de montaña de trepar… Bajamos montañas agarrándonos de cadenas, todo eso hace un combo de sumergirte en la naturaleza total.
P.al Día- ¿Se sufre, se disfruta, o ambas cosas al mismo tiempo?
Gustavo Cabarcos- Ambas cosas, nuestro entrenador al arrancar nos dijo todo lo que sea corrible y tengan energía, córranlo, es un trote suave, con la mochila y todo… y realmente nos sentimos que nos comíamos el mundo porque salimos los tres pasando gente, y dale que es tarde… pero claro, después los kilómetros te van poniendo en tu lugar, pasas de la felicidad, de lo que se vive y convivís con tu compañero. Arrancamos con Andrés, tenemos una muy buena relación, pero ahí como que se magnifica el apoyo uno con el otro, te cruzas con otro y ya quedas como un hermano, y no sabes quién es, es imponente lo que se vive, cosas que se generan ahí en el momento.
Y lo que son las diferencias físicas, cuando nosotros paramos en el kilometro 40 en el puesto a comer, Abel que tiene 28 años ya había pasado dos horas antes, nos iba sacando a razón de una hora cada 20 kilometros, y resulta que en la distancia él se fue quemando, quemando y Andrés con su andar parejo en la distancia lo alcanzó.
P.al Día- ¿En algún momento creyeron que no podían continuar? ¿Qué se siente en esos momentos extremos?
Andrés Espino- Nosotros tenemos la suerte de tener un compañero que ya la hizo hace dos años atrás, Richard y la señora, Marga. Hicimos una reunión para que nos diera un pantallazo de a dónde íbamos a ir, porque no teníamos ni idea, de que se trataba, que llevábamos. El nos contaba todas las cosas que después nos pasaron, y Marga hace bio decodificación, reiki, nos dio una piedra de amatista chiquita y nos dijo que en el momento que nosotros sintiéramos que no dábamos mas, la dejáramos y agarráramos otra piedra y la trajéramos. Lo importante que fue para nosotros eso, llevar esa piedra, no perderla, yo lo hice una noche que la rodilla no me daba más. Sentías una energía tremenda.
P.al Día- ¿Cómo se prepararon para poder participar y cumplir el desafío? ¿Fue más duro de lo que pensaban?
Gustavo Cabarcos- Nosotros somos personas comunes, tenemos que trabajar, tenemos familia, con el tema de la familia y amigos también tenemos eventos sociales, asados, entonces tomamos la decisión de dejar la bebida alcohólica, porque estábamos encarando un desafío el cual íbamos a llevar el cuerpo al límite, entonces teníamos que prepararnos. Los últimos tres meses no tomamos una gota de alcohol.
Andrés Espino- Sabíamos que íbamos a llevar el cuerpo al límite y yo estuve un día o mas alucinando de verdad, es tanta la información que ves de la naturaleza que lo más rápido que interpretas cosas… vas bien, como en una nube caminando, vas interpretando lo que tenés que hacer, si bien ves el sendero y todo a la larga ves cosas que no son reales.
P. al Día- ¿Hay en Uruguay alguna competencia o travesía que se le pueda asemejar?
Gustavo Cabarcos- No. Hay una que se hizo este fin de semana pasado en Maldonado «Entre sierras» que son 60 kilómetros, después hay otra que se llama «El Hombre de Hierro», que va desde Aceguá a Melo, son 60 kilómetros pero por la ruta, pero así de naturaleza pura con 8.900 mts de altimetría acumulada, no hay una parte plana, una desesperación para tener algo plano, estás bajando y subiendo constantemente.
P.al día- ¿Como han procesado esta experiencia, qué les cambió?
Andrés Espino- En mi caso saber que todo lo podés, saber que es proponerse y todo está al alcance de nosotros. Salís fortalecido totalmente, es una satisfacción propia de haber podido lograr eso, pero más allá de mi y de mis compañeros, la alegría de verlos a ellos porque todo se contagia, cuando ves a alguien feliz por haber logrado algo que capaz era impensado años atrás, porque yo les decía «no me entra en mi cabeza 160 kilómetros, yo fui a San Cono caminando y decía no llego mas».
Gustavo Cabarcos- Te venís fortalecido, encaras las cosas de otra manera porque después de haber vivido todo lo que se vivió en la montaña, vos conocés muchos más los limites, conocés de lo que sos capaz, a veces uno se entrega por cosas muy sencillas del día a día y después de haber vivido esto te da la tranquilidad de que si querés solucionar, tener paciencia, buscarle la vuelta que todo se soluciona. Tener ese espíritu de lucha, de rebeldía, de decir ante una adversidad hay que seguir.
Hay una cosa que viene de la mano de esta pregunta, una de las cosas que te dicen es no tomar decisiones en caliente. Yo llegué a Traful tres horas después de Andrés y Abel, habían quedado en esperarme, yo estaba preocupado por ellos, cuando llego y me dicen que me habían estado esperando y se habían ido, que alivio que sentí y alegría, habían tomado una decisión acertada. Yo pensé en abandonar, y luego de revisarme el médico, alimentarme y descansar, decidí seguir.
“Es raro de explicar, porque vos estás deshecho pero la sonrisa de la cara no te la saca nadie...”
P.al Día- ¿Qué se siente al llegar?, además de tocar una campana…
Andrés Espino- En mi caso yo no sabía nada, íbamos dormidos caminando y llegando empiezo a escuchar «corredoooor» y el padre de Abel que grita «Uruguay nomás», y todos tocaban campana adentro. Vos tenés que tocar una campana cuando llegas, y se siente una emoción tremenda, ahí te cae la ficha de lo que hiciste.
P.al Día- ¿Ahí estaba tu esposa y amigos?
Andrés Espino- Sí, estaba Natalia, pero yo la había visto cuatro kilómetros antes, que no estaba pero yo la vi, vi a Gustavo mirando el celular, aluciné, cuatro kilómetros antes había visto la llegada…
P.al Día- ¿En tu caso Gustavo que sentiste al llegar?
Gustavo Cabarcos- En mi caso fue como una rebeldía importante, porque mi compañero Leonardo hace un tiempo en otra carrera de aventura hizo un montón de sacrificio para llegar y por llegar dos minutos tarde lo dieron como abandono. Entonces nosotros lo que no queríamos era llegar tarde y en esas dos horas tuvimos que hacer lo que pudimos, inclusive trotar, para poder limar el tiempo llegar en hora… llegamos faltando 15 minutos para el plazo límite, y yo la campana se la quería arrancar en rebeldía, la hice sonar muy fuerte… Y después felicidad, todos esperándote ahí, a mi me acompañó Andrea, mi esposa. Andrea hizo todo lo que refiere a la logística, porque no me acompañó solo a mí, nos acompañó a todos, porque mientras nosotros estábamos en lo nuestro ella se encargaba de que a nosotros no nos faltara nada.
Andrés Espino- Queremos mencionar a todos los compañeros que participaron, que fue Abel Tejera, Natalia Marichal, Estela Perrone y Alejandra Soca; ellas hicieron 40 kilómetros, lo hicieron juntas y pasaron bomba. También nos acompañó Walter Tejera, el esposo de Estela y papá de Abel, un crack.
P. al Día- ¿Lo volverían a hacer, o se lo recomendarían a un amigo?
Gustavo Cabarcos- Sí, yo se lo recomiendo al que tenga ganas de superarse, no de probarse porque no se trata de eso, sino de conocer sus límites, no es para cualquiera pero cualquiera que se lo proponga lo puede hacer. En mi caso yo lo volvería hacer, no me quedo nada pendiente porque yo tuve que tomar la decisión de recortar por un tema físico, casi médico diría, no me queda nada pendiente, pero si me gustaría cumplir el objetivo, no hacerlo el año que viene pero si capaz para el 2028 estemos de vuelta surcando por ahí.
Andrés Espino- Yo por un momento me acuerdo de uno de los puestos de controles me iba caminando y les digo «no vengo mas nunca», se mataban de la risa, y me dicen «todo el mundo dice lo mismo y el año que viene están de vuelta acá». Mi señora Natalia decía «esto es como un parto, vos sufrís y decís que no volverás a tener hijos, pero cuando nace te olvidaste de todo lo malo porque la felicidad es tan grande que supera lo sufrido», y es una buena comparación. Hubo momentos con Abel en el que lloramos, decíamos no puede haber nada peor y luego había algo peor.
P.al Día- Algo más que quieran comentarnos
Gustavo Cabarcos- En cuanto a si lo recomendaríamos, hay mucha gente que no ha faltado una edición de la Misión Race, esta fue la edición número 20, y hay gente que las ha hecho todas. Inicialmente era una carrera de aventura, se hacía cuando había nieve y se hacía con orientación, y siempre la etapa madre fueron 160 kilómetros. De un tiempo a esta parte se ha hecho más comercial, habilitaron muchas otras distancias para llamar a mas publico a participar… Va gente de todos lados, había americanos, brasileros, paraguayos, chilenos, gente del interior de Argentina.
P.al Día- Felicitaciones por el logro y por la experiencia también, que imagino son de esas cosas que quedan para toda la vida, surgen anécdotas, recuerdos…
Andrés Espino- Y te llenan el corazón, porque realmente, te venís completo, no sé, es difícil de explicar. Se puede contar pero no transferir lo que se siente.
Gustavo Cabarcos- Es raro de explicar, porque vos estás deshecho pero la sonrisa de la cara no te la saca nadie.