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27/07/2026

Teresa y Siul; una historia de amor y superación que lleva siete décadas

María Teresa García Mora (87 años) y Siul María Hernández Cabral (91 años); celebraron hace muy poco tiempo 70 años de matrimonio.
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Oriundos de Florida y Flores, respectivamente, se conocieron muy jóvenes en un baile, en la zona de Mendoza, en Florida, donde las familias de ambos vivían, ya que sus padres trabajaban por esos tiempos en dos tambos cercanos.

Poco después llegarían a Progreso; se casaron, tuvieron tres hijos, y trabajaron muy duro para salir adelante y forjar un futuro familiar.

Trabajaron el tambo durante 70 años, enviando leche a Conaprole y repartiendo en un carro, casa por casa… pero también plantaron remolacha azucarera, se dedicaron a la producción avícola, plantaron granos, boniatos, etc.

Conocieron un Progreso diferente, más pueblerino, más dependiente de la producción rural y del ferrocarril, menos urbano, lógicamente.

Tuvieron tres hijos; Richard (fallecido), Dinorah y Armando; hoy tienen nueve nietos, diez bisnietos y una tataranieta.

 

Teresa y Siul hacen una pausa, para repasar junto a Progreso Al Día su trayectoria de vida, de arduo trabajo, de amor y de familia… de golpes duros, y de la fortaleza y resiliencia para seguir adelante.   

“Hemos ido luchándola, se ha trabajado mucho…”

P.al Día- ¿Cómo y cuándo se conocieron?

Teresa- Tenía yo dieciséis años y nos conocimos en un baile en Mendoza, Florida, era un salón de baile, pero era chiquito…

Siul- Bailábamos con Olga Delgrossi, Donato Racciatti, Alberto Castillo, con orquestas típicas de la época (tango).

P.al Día- ¿De donde eran cada uno de ustedes?

Siul Hernández- En esa época éramos vecinos, se puede decir, yo estaba en el tambo de Los Ramones en Mendoza, ellos –la familia de Teresa- estaban en lo de Ayala.

P.al Día- ¿De dónde son oriundos, donde vivieron de niños?

Siul Hernández- Yo soy de la 5ta sección de Flores, de la zona de Cerro Colorado; fui a la Escuela 15 de Cerro Colorado, hacíamos diecisiete kilómetros a caballo para ir a la escuela; y en el año 50 nos trajo el primo de papá para La Cruz (Florida), en ese tambo, papá estuvo treinta y pico de años.

P.al Día- ¿Hasta qué edad fue usted a la escuela?

Siul- Hasta tercer año, cuando podíamos. Yo soy nacido en la estancia La Retirada, el dueño de la estancia era mi padrino, de Trinidad quedaba como cincuenta kilómetros, en el 155 de la Ruta 3. Hace poco fuimos… la escuela sigue estando.

A nosotros nos mandaban a las 8 de la mañana a caballo, éramos tres hermanos los mayores, y volvíamos en la tarde. En ese entonces la Ruta 3 era de tierra, no había ómnibus, empezó a hacerse la ruta con las maquinas a bueyes, las niveladoras a bueyes, mi padre araba todo con bueyes en las estancias. Mi madre ordeñaba las vacas chúcaras, mi padre las acollaraba con un buey y mi madre ordeñaba las vacas, y así nos hicimos.

P.al Día- ¿Teresa usted donde fue a la escuela?

Teresa- En Mendoza, yo vivía en Pache del lado de Florida, fui a la Escuela 22, hasta sexto año.

P.al Día- ¿Usted Teresa también trabajaba en el campo?

Teresa- No, yo estaba en la casa, mi padre era capataz, era el encargado del tambo… yo cocinaba para darle de comer a los peones.

P.al Día- Se ennoviaron, eran de la zona cercana a Mendoza, y donde se casaron ¿allá o acá?

Teresa- Acá, yo a los dieciséis años perdí a mi mamá, y al tiempo nos vinimos para acá, para este mismo tambo…

Siul- Éramos empleados, en los años 54-55 ya éramos novios, ellos eran dos hermanos y el padre, se vinieron también para acá.

P.al Día- Se casaron jóvenes, ¿Siul tenía 21 y usted Teresa 17 años?

Teresa- Sí, y nos casamos aquí mismo en Progreso, el Padre Loza nos casó en la Parroquia San Antonio María Claret.

Siul- En esos años este campo llegaba a la vía, eran 200 hectáreas de la sucesión Urta, que tenían Empresa Fúnebre. Era el dueño de todos estos campos acá, ordeñábamos 138 vacas a mano, después mi tío me vendió el ganado a pagar 300 litros de leche por día, Urta era el dueño del campo, mi tío era arrendatario. Yo compré las vacas y seguí arrendando el campo. En el año 63 aparece Vicente Urta a venderme el campo; le dije que no tenía plata, y al final terminé comprando 35 hectáreas donde estaba el tambo y años más adelante compré el resto, todo a pagar con leche. Yo me levantaba a las 11.00 de la noche, ordeñábamos y a las 4.00 de la mañana iba al tren a embarcar los tarros de leche para Conaprole, con un carro y dos caballos a la estación. Y luego iba hasta Las Piedras y empezaba a repartir el resto de leche para pagar el personal…

P.al Día- Esa leche la mandaba a CONAPROLE por ferrocarril…

Siul- Sí, 300 litros había que mandar todos los días a CONAPROLE para el dueño de las vacas, el campo llegaba a la estación del ferrocarril, no había nada, lo único que había era una quinta donde ahora está la cancha de Progreso, barrio Perdomo, que era de Weber, tenía aviones y aterrizaban en el campo de Urta en aquellos años.

P.al Día- ¿Cómo era el pueblo de Progreso?

Siul- No había nada, nos conocimos con Néstor Santos, donde era lo Ravera donde está Crami ahora, Néstor Santos era empleado ahí. No había nada, había un galpón que era de los Perdomo donde están las viviendas que vendían forraje y lo de Carnelli. Acá era todo campo, yo salía con el carro por los campos. Cuando me vendieron las 35 hectáreas yo digo “tengo que tener una salida, tengo que hacer entrar un camión a buscar la leche”, empezó a modernizarse la cosa. La luz venía de Canelón Chico –y señala al este, rumbo al frigorífico Cruz del Sur-. El finado García me decía comprá el campo, lo compré, en ese tiempo estaba Guillermo Perdomo también y salíamos a comprar terneras para exportar… en esos años venideros entró de intendente, yo salía a comprar ganado, y le dije si me iba a hacer una entrada para salir de ese campo hasta Progreso, porque tenía que tener una entrada… Me dice “no, estás loco, no has pago el campo y vas a hacer una entrada”. Entonces le digo “no me querés dar las maquinas”, pues yo tenía un tractor Fordson que me había traído mi tío, empecé a abrir el camino. Urta no sé por donde se enteró que estábamos abriendo camino en el campo de él, y cayeron con un abogado, que era el nieto, y me dice “lo vamos a meter preso, como va a abrir usted el alambrado sin decir nada”… Y le digo “y yo por donde salgo”. Me encuentro con Herten, alemán, que tenía allá arriba su campo y casa, y me dice “usted abra el camino tranquilo, yo voy a conseguir un abogado”. Trajo un abogado, lo citaron a Urta y calladito la boca, se terminó el problema, por eso le pusieron el nombre: Camino Hernández.

Eso fue en el año 68 cuando estaba Guillermo de intendente. Cuando se terminó el lío me dijo “ahora te voy a mandar máquinas”, me dice “sos loco como vas a donar tierras para hacer el camino”. Yo quería que entrara el camión de Canelón Chico por acá levantando tarros de leche.

P.al Día- En forma simultánea fueron naciendo los hijos…

Teresa- Sí, estábamos al lado del tambo allá enfrente y ahí nacen Richard, Dinorah y después Armando. Cuando compramos acá Armando tenía tres años, era chiquito. Richard nació en el 57, Dinorah nació en el 60 y Armando en el 67.

Siul- Esto acá yo lo compré en el año 70.

P.al Día- ¿Cómo se criaban los hijos en aquel momento Teresa?, hoy ha cambiado mucho todo, hay otras comodidades…

Teresa- A la escuela íbamos a pie, yo los acompañaba. Richard y Dinorah fueron a la escuela de los Santos Ángeles, y el último año se cambió para la Experimental que estaba ahí en la proa frente a lo de Carnelli… Los llevaba a pie todos los días, no había ni bicicleta, era todo sacrificio y así se fueron criando. Los esperaba en Progreso en la casa de un familiar, los llevaba y los traía, no iba hacer cuatro viajes caminando. Después se compró el camión, y ahí mamá aprendí a manejar y los llevaba en camión.

P.al Día- ¿Cómo repartían la leche?

Siul- Yo repartía de madrugada y mi suegro de tarde, el repartía en el barrio Pombo (hoy barrio Rigau) y villa Los Ingleses, repartíamos con tarros, era la época en que se dejaba la plata en la ventana y dejábamos la leche, lo hacíamos en carros con dos caballos. Yo iba hasta Las Piedras y de ahí todo para acá, barrio Urta no había nada, el Dorado no había nada era una casa por acá, otra por allá.

P.al Día- ¿Y hasta cuando fue el reparto de leche casa por casa, se acuerda?

Siul- Estuve muchos años. Mi tío me vendió el ganado en $ 108.000 (ciento ocho mil pesos), y estuve cinco años que le debía, estaba debiendo, me salía de garantía en la carnicería, en la panadería, en todos lados. Camejo, el abuelo de Jorge -el que está en el Bar Las Barreras-,  trabajaba con nosotros, venía de allá de la villa del Km 30 a pie por los campos a ordeñar a las 4.00 de la mañana.

P.al Día- ¿Y cuándo comienza el ordeñe con máquina?

Siul- Con máquina en el año 67, fue la séptima máquina que se puso en el Uruguay, mandé 65 años leche a Conaprole y el tambo lo cerré el 30 de marzo de este año, 2026. Pero cerré porque Conaprole la última leche que levantó, cuando voy a levantar la liquidación me salieron con $ 6.00 el litro de leche, y les dije “no me mandes mas camiones a levantar leche a casa”, y nos les vendí más, prefiero tirar la leche a que me la paguen $ 6.

Había invertido en máquinas, tanques de frío, la estación eléctrica que hay ahí fue traída por mí, esto era campo, el Cruz del Sur no existía acá al fondo… Y bueno, unos conocidos me hicieron un contacto para una planta más chica, tipo Parmalat, de esto hace cinco años, y  ahora ya cansado cerré el tambo.

Yo fui socio fundador de Conaprole, éramos 17 tambos acá, y se cerraron todos.

P.al Día- En una época esta zona fue de mucho tambo…

Siul- Muchos éramos, los chicos cerraron todos, ahora quedan los grandes tambos de 15.000 vacas, el de 200 o 300 vacas marchó, ya no es rentable con el precio que te pagan la leche.

No sé que va hacer este gobierno con nosotros, con toda la producción…

P.al Día- ¿Siempre estuvo usted al frente del tambo o en algún momento fue alguno de sus hijos?

Siul- Frente al tambo siempre fui yo, pero mis hijos siempre trabajaron muchísimo conmigo, eso tengo que destacarlo. Acá en el año 70 puse avicultura, empecé con 400 pollos, primero le crié a Pedro Kent, y luego empecé a criarle a Moro de a 4.000 pollos en un alero que tenía, llegué a criarle 75.000 pollos, sacábamos cada sesenta día 110-120 mil kilos de pollo. Moro me daba los materiales y yo hacía los galpones… Con Richard trajimos la madera de Parador Tajes, íbamos con un caballo al monte aquel del Banco de Seguros que hay, y así trajimos la madera con él e hicimos los galpones, el ultimo galpón que hicimos fue el de 150 metros, Moro me mandó comederos, me mandó todo. El tornado lo tiró, esta pierna me la quebré ahí, Armando era jovencito, se vino ese temporal y el finado Richard llevó el camión para alumbrar para encerrar el ganado en un galpón que teníamos allá -y señala hacia el este-, y yo andaba en la moto. Voló el galpón, rompió todo, y yo me accidenté… casi pierdo la pierna, me la querían cortar. Estuve varios meses, pero me recuperé. Y los galpones los levantamos todos de nuevo otra vez.

(Ese hecho fue en junio de 1992 y está registrado en la edición de Progreso Al Día de la época Nº 26/pág 9).

 

P.al Día- Es parte de la vida del productor rural, siempre pendiente del clima… vientos, granizo, sequías. Y después sufrió muchos abigeatos…

Siul- Sí ganado hasta ahora, hace pocos días me robaron cuatro vacas en dos veces, me cortan los alambrados… Unos años antes de fallecer mi hijo, allá en el campo al lado de lo de Kent, yo tenía arrendado 60 hectáreas, me mataron 8 vacas, las carnearon y le dejaron los huesos, hicimos la barricada en la Ruta 5, frente a la Comisaría. El “finado” Richard puso todos los esqueletos de vaca que habían dejado allá arriba de la zorra, fue a la comisaría y atravesó la zorra allí, entonces el comisario me dice “usted no puede poner eso atravesado ahí”… Se armó un lío, se juntó el pueblo, llegaron vecinos y productores de la zona a apoyarnos. Entonces me dice el comisario “la ministra ordena que lo metamos preso” y “usted tiene que firmar acá”, le respondí “no firmo nada que venga ella a hacerme firmar, porque lo que nos hacen es un daño, nos viven matando vacas”, y me mandaron a largar enseguida.

P.al Día- Imagino que los abigeatos fueron aumentando en este siglo; ¿cuándo usted empezó con el tambo eran frecuentes?

Siul- No, en aquella época no pasaba nada, era tranquilo y el pueblo era chico; después empezó a crecer y también el cinturón de Las Piedras, El Dorado, 18 de Mayo. Después pasó lo de Richard, fue en marzo del 2012, era gente que andaba delinquiendo acá en la zona.

Después que faltó Richard me mataron tres vacas atrás del galpón del tambo, se llevaron tres vacas deshuesadas. Muchas veces se siguen las huellas y va a parar a sitios cercanos de acá… Ahora hará un mes Armando me dice “papá cortaron allá arriba en el monte contra lo de Pigato”, digo “si está cortado se llevaron vacas”, salimos a contar y faltaban dos vacas. Damos cuenta, viene la policía, pasan quince o veinte días y otra vez esto, de ahora.

P.al Día- Ahora que cerró el tambo, ¿tiene ganado de engorde para vender?

Siul- Sí, sigo teniendo el ganado, estamos criando ganado para vender.

P.al Día- Volviendo un poco a lo que es la familia, eso que comienza hace setenta años cuando se casaron; han formado una muy linda familia… ¿cuántos son?

Teresa- Tenemos nueve nietos, diez bisnietos y una tataranieta…

P.al Día- ¿Qué se siente tener esa familia tan numerosa?

Teresa- Muy felices, estamos deseando que todos estudien, que se hagan camino en la vida, que sean buenas personas.

P.al Día- Ahora todo ha cambiado, de su época que se terminaba la escuela –o a veces solo hasta 3er año- y había que salir a trabajar; o en el caso de la mujer si vivía en el campo era difícil ir al liceo a las ciudades…

Teresa- Yo terminé la escuela, me gustaba pero no podía, siempre íbamos con mi hermano a caballo, salíamos a la ruta y después tomábamos un ómnibus a Mendoza donde íbamos a la escuela. Ya ir al liceo era imposible…

P.al Día- Hoy usted querrá que sus nietos estudien, se preparen, ya están bastante encaminados, algunos ya son profesionales…

Teresa- Sí, gracias a Dios, ya van los nietos en buen camino y algún bisnieto también.

Siul- Son muchos y somos muy unidos.

Teresa- El domingo anterior estuvieron todos por el Día del Padre...

Siul- Esta cocina comedor amplia se hizo para ellos, para que todos puedan estar, estaba mi cuñado, los nietos, los sobrinos.

P.al Día- También en alguna época participaron de las fuerzas vivas de Progreso…

Siul- Sí señor, éramos Leones, cosa que después continuó Richard. Primero fuimos de la comisión policial, nos reuníamos con Néstor Santos, Etcheverry, Peña, en el tiempo que Trezza era policía acá en Progreso, me tocó a mí la presidencia. Se hacían asados, venía toda la policía, también la caminera…

Al Club de Leones entramos porque vino Russi de allá de La Paz o Colón a invitarnos para poner el Club de Leones acá en Progreso, ellos fueron padrinos de este club de leones. Juan (Etcheverry) era del Rotary, pero igual colaboraba con nosotros en los Leones. Horacio Peña, Dago Zanelli, Apariquián entró después, los Delpiano. A principios alquilamos una pieza y después compramos ese solar donde está actualmente el Club de Leones.

P.al Día- Sin despreciar a nadie, que persona Horacio Peña, siempre dispuesto a colaborar. Otro hombre que se hizo de abajo, trabajando “a brazo partido” como se decía antes…

Siul- Yo te voy a mostrar después un tractor de cuando empezamos… todos éramos peones, Horacio era peón, Juan Etcheverry también. Horacio era peón de Aladino Boffa, Aladino me quería mucho a mi… Un día conversando con Horacio y con Juan -éramos todos peones-; y a mí me sobraba campo allá arriba, todos esos montes de pera que hay ahí esos los trabajaba yo. Me dice “vamos a plantar remolacha”, Juan compró un Chevrolet 52-57, Peña un Fort 51 y mi tío me regaló un camión que era el de llevar la leche, ese fue mi primer camión… Y me dicen “tenemos que llevar a Montes la remolacha”, y le digo “bueno vamos”. Ahí tengo el tractor, hace sesenta años que está parado, un tractor remolachero se lo compré a la quinta Ceni, nuevito.

P.al Día- ¿Y cómo anduvo la remolacha?

Siul- Remolacha azucarera, la llevábamos a Montes. Nos hablábamos, cargábamos todos el mismo día y salíamos, ellos me esperaban en la Escuela 13 (salida de Camino Al Gigante a Ruta 32) y yo salía por acá (Camino Hernández y Ruta 69), y nos juntábamos allá, y salíamos los tres para Montes, nos llevaba el día para poder descargar en la fábrica. Era sacrificio porque ahí llevaba mucho personal…

“No puedo caminar ni andar a caballo; pero la moto la tengo allí y salgo al campo, y si no me subo a un tractor…”

 

P.al Día- ¿Usted en que basó el haber progresado, haber pasado de peón a ser propietario, a crecer tanto, ha sido muy guapo en el trabajo en el campo o también a ponerle ingenio, ponerle cabeza?

Siul- Las dos cosas, son imposible de separar; porque si a vos te está llevando la corriente buscas otra alternativa, por eso busqué la remolacha, después los pollos, el tambo era el sostén. Un primo que llamé el otro día me decía “no aflojes, no aflojes”, yo fui comprando de a pedacito los campos, me comprometía (endeudaba) pero había que meter para pagar. Yo el tractor primero que tuve era un “fordcito” a nafta y a kerosene, y después un tío mío me decía porque no agarras unos caballos… Yo con caballo te pico y te rastreo las tierras, yo tenía todas esas tierras hasta allá abajo, eso lo trabajábamos nosotros y con un petiso y tres rastras, rastreaba porque no teníamos plata para echar nafta al tractor.

P.al Día- En relación al trabajo, ya cumplió…

Siul- Creo que sí, pero sigo yendo todos los días a recorrer el campo, a contar el ganado –por si nos roban algún bicho-, voy en la moto… Tengo 129 hectáreas y los dos establecimientos, vamos a ver que se hace de acá para adelante.

P.al Día- ¿Cómo es un día de ustedes hoy? ¿Qué actividades realizan?

Siul- Yo siempre la misma actividad, no puedo caminar, ando con las muletas y la moto la tengo allí y salgo al campo, y si no me subo a un tractor. No puedo andar a caballo. Yo me sigo levantando temprano y recorro el campo, miro el ganado, recorro los alambrados, después a las 11.00 tomo mate amargo, tomo un “chorrito” de whisky. Cuando cumplí los 80 años nos fuimos una semana a La Paloma, desde ese día hasta hoy no he faltado nunca en el establecimiento.

P.al Día- ¿Qué sienten de haber llegado a cumplir 70 años de casados y haber construido una familia tan numerosa?

Teresa- Mucha felicidad, y a veces se atraviesan cosas que uno jamás piensa, es la vida. Hemos ido luchándola, se ha trabajado mucho.

Siul- Teresa también hizo mucho sacrificio, en los primeros tiempos del tambo ella cocinaba para muchos empleados que había, y todos los días había que hacer “olla” para toda esa gente.

Teresa- Allá afuera antes de venirnos también, había que cocinar para el personal y arreglarse como se pudiera…

Siul- Fue toda una vida de trabajo; cuando teníamos la avícola hasta tres veces en la noche me levantaba a “serenear” para que no se me murieran los pollitos, y atendía el tambo.

Teresa- Todos trabajábamos, cuando había que vacunar a los pollos…

Siul- Sabés lo que es vacunar 75.000 pollos con una jeringuita. Yo juntaba diez o quince gurisitos en el pueblo y éramos cuatro o cinco vacunando.

P.al Día- ¿Ahora la gente no quiere trabajar en el campo?

Siul- Antes ibas a Progreso, decías que precisabas gente para trabajar y se te subían todos al camión, venían y la gente trabajaba. Pasábamos una semana vacunando y atendiendo el tambo y atendiendo la chacra, se plantaba alfalfa también.

A mí me queda poco por vivir, es una realidad distinta la que vivimos antes y la que vivimos ahora, no hay nadie para trabajar la tierra, no hay nadie para atar un alambrado, para trabajar una quinta.

Plantábamos boniatos a sociedad, le daba cuatro hectáreas de boniato, no era fácil había que trabajarlo, íbamos a arrancar y éramos una bandada, en el carro llevábamos el tanque del agua para regar y nosotros íbamos con una regadera y estaca.

A mí, por el sacrificio que pasamos, me da mucha lástima tener que vender o dejar, mucha lástima, porque se hizo a base de sacrificio. No puedo estar quieto, si yo me quedara sentado acá adentro, me muero…

 

Habría mucho para hablar con Teresa y Siul; pero la charla ya había superado largamente la hora. Con 91 años Siul nos transmite esa energía e ímpetu que tuvo toda su vida para trabajar en el campo, y nos deja más que claro, como lograron salir adelante.